"La energía era tal, que debimos echarnos al suelo. Se nos salía la magia por los dedos y la boca. Un fuego de luz resplandecía en los ojos desorbitados de Dolores. Cuando se me desprendió un botón del lonpa, me asusté como el diablo. Intentamos correr y una voz nos detuvo. Era Arturo Puig. Nos devolvimos aterrados, la magia era insostenible, fosforescentes se habían vuelto nuestros dientes. Arturo no se iba, y el invierno era verano. No sé si giró el sol, y sentía medio raros los codos. Tampoco recuerdo haber tenido apetito, aunque de haber contado entonces con un Toblerone, me lo clavaba. Extraña es la linea ecuatorial, y lo que en ella sucede".
Nuestros pies inmóviles en al mitad del mundo.
Hace un año y tres días, llenábamos la nave de bártulos y dejábamos lo firme, lo conocido y lo querido con la ilusión de llegar a Alaska, vaya uno a saber cuando o como. Nosotros apenas si lográbamos imaginarnos surcando la provincia de Buenos Aires. ¿Que habrá más allá de Carmen de Patagones? No sabíamos de milodones, islas chilenas repletas de mitos, momias bolivianas, desiertos peruanos, hormigas con sabor a panceta, o trenes suicidas ecuatorianos. ¿Ushuaia?, ¿Chascomús? ¿Alaska? Todo es lejano e insospechado, hasta que deja de serlo.
No sabíamos donde pasaríamos aquella noche veraniega, tampoco imaginábamos que la ruta nos recibiría con 35 grados de calor, y perderíamos nuestras bolsas de dormir en el primer día de viaje. Tan achuchados andábamos, que apenas si nos animamos a abrir un paquete de galletitas y una lata de paté para aquella cena en Monte Hermoso. Comimos mucho paté por aquellos días. Si algún atrevido nos preguntara ¿Que cambió a lo largo del 2008 para ustedes? diríamos. Ya no somos más Loli y Facu a secas. Hora somos los Doctores de Fuego.
Si logramos atravezar la linea imaginaria de latitud 0° 0´ 00´´, que divide este loco e incierto mundo en dos, es por sobre todas las cosas, gracias a quienes nos han ayudado desde el camino y sus adyacencias. Un año, seis días, cientos de amigos, miles de empujones, millones de patadas ninjas, y seis países conquistados. Lo único justo que podemos decir, es gracias. Ochocientas veinticuatro veces gracias. Pero antes de seguir adelante a través del hemisferio norte, quedan algunas cosillas en el tintero del sur.
Nuestra estancia en Quito duró un mes y medio. 45 días de una ciudad capital, son muchísimos. Con la nave en el taller, todo fué complicado. Como muy bien nos dijo alguna vez Lorena, en el Parque Nacional Monte León, en la Patagonia Argentina: sin el auto no son nada. Crudo pero real, increíble pero rial. Igualmente sobrevivimos viajando en trole, asaltando ancianos, y comiendo los restos que nos daban, en la puerta trasera de los restaurantes del barrio chino. Hablando francamente.
Belén y Oswaldo no se adaptan al frío. Los "Omi" como los hemos apodado, fueron en una Quito que no nos dió tregua, amigos de los buenos. Desayunos, paraguas, cine, pizza, capucchinos, omis, la cama más cómoda del mundo, y demás delicias de la modernidad moderna. Todo salió de su mano generosa y cafetera. La Peque sonríe pero sin soltar el Milo. Amigos Quiteños, machachicheños o como quieran llamarse, mil veces gracias. Recuerden que tienen colchón en Mar del Plata, cuando gusten. Nota: Recordar que no llegamos por allá hasta dentro de un par de años.
Maeeeeeeeeeestros! Tras un mes en el taller, vuelve a rodar, briosa la nave. Fernando (izq), ya sin máscara reclama las mieles de la fama que americaencitro le prometió. No solo es un excelente chapista, canta cachuyapis como los dioses, y también es bueno pa´l agua de revolver. Contrataciones al 099346578. El maestro Julio, en cambio, mantiene un perfil más bajo (aunque también le da al cachuyapi y al aguita). En su caso Chuck Norris ha sido una fuerte influencia, y prefiere solucionar los problemas con patadas ninjas apenas violentas. Si le pega un tiro a alguien, no sale sangre. La invasión del taller duró un mes. A lo largo de aquellos días, nos alimentaron, nos vistieron y nos hicieron lijar como unos condenados. Además de un citro flamante, nos llevamos de allí, el recuerdo de dos excelentes amigos que nos dieron una mano enorme.
Y finalmente, el autor intelectual de toda la movida. Javier Otero. EL gerente de Citroen en Quito creyó en nuestro proyecto, nos restauró la nave, y hasta nos llevó a comer ceviche. Tante grazie Javier, lo mínimo que podemos hacer al regreso, es poner un busto tuyo sobre la chimenea, y una estatua con tu imagen en el jardín, justo al lado de la de Yuri Simick.
Adiós a la cintura cósmica del sur. Tiempo de surrealidad.
Hoy en la foto surreal: Haces de luz golosos, revolotean perturbando lo estanco. Degluten la oscuridad. Se agitan los exitádos átomos. Despliegan un rayo de cierto color. En longitud de onda cualquiera, desean volar. Latir. Irse lejos. Tal vez volver. Desean girar en el caos, en la entropía. Tal vez no. En el único sitio existente. Aquí. Ahora. Allí, ayer. Allí mañana. Un poco más allá después, o antes del después. O tal vez Hoy. Rozan las cabezas ralas. También las romas y pobladas. Son redundantes y no pretenden nada. ustEd. yO. Todo, todos. Dios. Y se cobra el papel celofán, pues que más se va a cobrar, sino lo ilusorio, colorido y carbonado.
Las siestas en la mitad del mundo son cosa seria. Las tomaban otrora, tigres y mendigos, todos juntos en jaulas custodiadas por siete jibias aladas. Las tomaban de a caballos que nunca abandonaban su curso ecuatorial, seres humanos inclasificados. Las tomaban los frailes y también sus monaguillos, de dos a tres y cuarto, sin comentar lo soñado. En tiempos de Antonieta, las tomaban los sirvientes negros, cucharas standard en mano. Se tomaban diez mil años antes de la invención del dado. Las tomaba Charles Darwin y su bolígrafo dorado. Eso perturbaba a Ftiz Roy, más tenía al resto sin cuidado. Las siguen tomando hoy seres grotescos, como Arturo Puig, Faca, y un puñado de abogados.
La Plaza de ponchos de Otavalo posee un gran colorido, pero esconde un oscuro secreto.
El 24 por la mañana amanecimos en el cuartel de bomberos de Otavalo. Tras un mes y medio de inmovilidad, nuestros pies se sentían inquietos. ¿Navidad en Colombia o en Ecuador? mmmmm....... ¡COLOMBIA! Mala decisión. Llegamos a la frontera a eso de la una, con la idea de arrivar pronto a Pasto. En migraciones de Ecuador, nos pasamos seis horas bajo un sol inclemente, esperando para que nos pongan un sello borroso (en realidad es una impresora que maraca el pasaporte, pero la idea del sello borroso es más trágica). Se respiraba insurrección en el aire. Los corruptos e hijos de una gran maula (¡pero gran maula!) policías ecuatorianos cobraban U$S 20, y hacían pasar a los "tipos bien", por una puertita trasera. La fila nunca avanzaba y se puso heavy la cosa. Intentamos un motín que fue hábilmente aplacado con helados patalín. Finalmente, y en la oscuridad de la noche, entre vampiros y vampiros guerrilleros...
La campiña del sur colombiano. Duelen los ojos de tanta hermosura.
La inconmensurablemente bella, incomprendida, cálida y verde Colombia, es justamente un país de esos que hay que visitar para descubrir por uno mismo. Se puede hablar de ella claro, pero nunca se llegará a entender así, lo que esta tierra susurra al oído. Bueno, como todo ¿no? Nada se aprende hasta que se vive en carne propia. Colombia es tan maravillosa, que no sabemos por donde arrancar a contarles. Las rutas del sur, describen curvas que suben y bajan entre montañas, que a diferencia de todas las que hemos recorrido anteriormente, se encuentran tapizadas por un verde más verde e intenso. Al ser bajos, estos cerros son cálidos y dan a la gente que vive en ellos, su mismo carácter. El colombiano es educado, amable y hospitalario. Supongamos que uno pide una dirección a un taxista, amablemente se recibe la indicación, y se sale andando. Al rato en una intersección, aparece el hombre de la nada (nos estuvo siguiendo sin ser visto) haciendo gestos enloquecido, para que tomemos una curva y nos mantengamos en la buena senda. Así es todo el tiempo, no es extraño que la gente se desvíe de su camino para llevarlo a uno a destino. Es indignante que se hable de este país como se habla, cuan lejana es Colombia de lo que se quiere hacer pensar de ella. De no ser por los miles de carísimos peajes y el precio prohibitivo de la gasolina, esto sería el paraíso.
El 25, partimos rumbo al norte y como Pasto llegó demasiado pronto, seguimos rodando hasta que la tarde empezó a caer. Buscamos una hacienda donde pasar la noche y al segundo intento. ¡BINGO!
Nunca en nuestras vidas vimos un animal más maligno y porfiado que esta vaca, hija de satanás. Tras una corrida a todo vapor, montaña abajo, abriéndose paso entre arbustos y monte, Faca tuvo que lanzarse literalmente al suelo, para no ser embestido por la bestia cuadrúpeda. La lucha duró horas y terminó con el animal semiahogado a orillas del río. Si Rocky hubiera tenido su tesudéz, bajaba a Drago de dos piñas y se ahorraba la muerte de Apolo.
Los de Fuego, "El Patrón" William, Nelson y Luna. Amigazos del camino.
El 27 de diciembre se cumplía un año de viaje. Ese día dejamos Yerba Buena, y trás un breve paso por Popayán, llegamos a Cali. La ciudad es muy grande, y como toda ciudad grande, una complicación pa´ Los de Fuego. Fuimos a dos estaciones de bomberos, y en ambas tuvieron el tupé de rechazar nuestra humilde petición de cama, comida, masajes en los pies, y donación de matafuegos. Yiramos por las calles caleñas como almas en pena, hasta dar con el estacionamiento de un Blockbuster. Allí nos instalamos, abrimos una lata de sardinas con salsa de tomate donada días atrás por "Los Omi", y nos contorsionamos para dormir por cuarta vez en el año, dentro de la nave. Parece que las fechas importantes no son nuestro fuerte. Afortunadamente, todo cambió en aquel mismo momento.
Primero conocimos a Jorge, un Argentino-Colombiano que nos llevó a cenar al día siguiente y aportó a la causa. Luego, mientras nos desperezabamos a la mañana siguiente, apareció un loco en una Harley Davison, charlamos y al ver nuestra penosa condición, nos llevó al hostal donde paraba y nos pagó una noche. Nunca más volvimos a verlo, o saber de él. Su nombre William, su apellido ¿Wallace?
Los Seager nos hospedaron en su casa durante 4 noches y cinco días. Si quedaba alguna duda de la hospitalidad colombiana, aquí muere. A veces, ya no sabemos como actuar ante tanta amabilidad. Tendríamos que pasar el día entero diciendo gracias. Nos brindaron todo con tanta naturalidad y desinterés, que no sabíamos como retribuirles. ¿Con que se paga la confianza? ¿y la amistad?, pues además de eso nos dieron un techo, morfi, y una noche de año nuevo en familia que quedrá por siempre en nuestro cuore. Patty, Lewis, Isa, Connie, Juan Carlos y Juanda, enternamente agradecidos.
Ahora seguimos con dirección al norte. Dentro del eje cafetero, ya cruzamos Armenia, Salento y nos encontramos hoy en Pereira. Pero claro, esto quedará para la próxima entrada.
Conejillos, viajamos con ustedes. En estos últimos días los sentimos más arriba del citro que nunca. Sabemos que este viaje que hemos emprendido, no solo nos involucra a nosotros. Muchos viajamos a bordo del viejo 3CV. Eso nos da fuerza, ayuda a la hora de empujar, y esperamos que muchos más sigan subiendo hasta que colapsen las varillas de suspensión. Mientras estemos lejos, vivan con los ojos bien abiertos. Dejen que sus corazones decidan, pues la cabeza es permeable a ciertas ideas horrendas, carbonadas y polímeras. ¡Felíz 2009 conejos! ¡Gracias por acompañarnos en cada kilómetro de nuestro camino! ¡Abarzos, besos y cachetadas ninjas en la lengua para todos!
¡Yuk Punchagamma!
Hoy también en americaencitro....
La sección Gentes con media vuelta de rosca más.
presentando a Luis Najera.