sábado 9 de enero de 2010

Peluca Telefónica

-Y si tu ser estalla será un corazón el que sangre-

Cuba quedó atrás, sus ilusiones frágiles como burbujas de jabón, se vuelen chiquitas hasta desaparecer mientras volamos a México. A medida que nos alejamos dejamos de ver. A medida que dejamos de ver, dejamos de sentir. Y cuando dejamos de sentir, olvidamos. Y las fábulas vuelven a tomar el lugar de las cosas. Tal es el efecto de la distancia y el tiempo, que lo distorsionan todo. Y poco importa a través de que lente se filtre la realidad, o quien la esté observando, cuando los pies están enterrados en el aquí y el ahora.
Ya no recuerdo si eran volcanes, aquellos de los infinitos desiertos de altura bolivianos, o si eran gigantes vestidos con faldas de roca. No recuerdo si eran sus voces las que nos acompañaron, o si se trataba del caprichoso silbido del viento. Ya no recuerdo si eran alas de libertad, o yunques de sometimiento, aquellos que adornaban las negras espaldas. Tales son los efectos de la distancia y el tiempo.


All you need is love (and a Citro)
Antes de dejar Playa del Carmen, Hans y su esposa, nos hicieron una entrevista para su revista “Aquí en Playa”. Esta foto fue tomada para acompañar la nota. Utilizamos la propia luz del Citro (al que metimos en plena playa y sacamos a los empujones), reflejada en una plancha metálica (con la incalculable ayuda de Baby Face), mientras la luna desplegaba su magia fosforescente desde el cielo.
 
Al partir, dejamos atrás mil amigos y una playa de blanca arena. Pero esta vez no salimos solos al camino. No, no se asusten, no adoptamos a Arturo Puig. Se trata de Miriam y Víctor. Se dirigen a pasar las fiestas junto a su familia en Ciudad de México y están dispuestos a recorrer los estados del sur a lo americaencitro. O sea, durmiendo donde nos encuentre la noche, en gasolineras, una casita humilde al costado del camino, cuarteles de bomberos u hospedados por amigos aún desconocidos. Cocinando sopitas instantáneas en nuestra cocinita portátil (que con cada uso debe ser reparada). Moviéndonos lento, al ritmo de La Nave que resopla en las montañas y ruge en las llanuras. En fin, a lo americaencitro.
El recorrido sería de aproximadamente 15 días a través de los estados de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco, Chiapas y Oaxaca, donde nos separaríamos, para volver a encontrarnos ya cercanos al D.F.


Nuestra primera parada fue Mérida, una ciudad ubicada al norte de la península de Yucatán. Apenas llegados, fuimos en busca del cuartel de bomberos, donde muy amablemente nos dieron un lugar para las carpas, ducha y sitio para cocinar. ¿Cuando no? Nuestros buenos amigos del camino.


La ciudad es muy bonita, pero con un día de paseo estábamos más que listos para seguir viaje. Después de tantos días sin rodar, los cuerpos nos pedían acción.


Campeche está a solo 200 kilómetros de Mérida, por lo que llegamos temprano tras un viaje corto y aprovechamos bien el día. Recorrimos el centro histórico con sus estrechas callecitas y coloridas fachadas.  



La ciudad es una obra de arte, muy prolija, limpia y cuidada. Puertas adentro, las construcciones pueden estar viniéndose abajo, pero por fuera son una pinturita.



 Con estos perdimos la guerra de escupitajos.


Victor y Miriam se han vuelto casi hermanos en muy poquito tiempo. Y es que son dos personas increíbles, de una generosidad infinita y transparencia absoluta (tipo Gasparín). Hemos compartido casa, su boda, paseos por mil lugares y ahora este viaje. Miriam no para de reír (y hacer macanas) desde que se levanta hasta que se acuesta y esa alegría que trae encima nos contagia a todos. Victor alias “Baby Face” es el socio ideal para las noches de truco, los asaditos y la charla de fobal. A estos dos purretes nos los mandaron los dioses como regalo adelantado de fin de año.

Esta vez no hubo suerte con los bomberos. Así fue que emprendimos la búsqueda de hospedaje, dando con el campo de deportes de la universidad. Si bien el lugar era espectacular y ya teníamos el visto bueno de las autoridades para quedarnos, apareció un francés fascinado con el Citro y nos llevó a los cuatro para su casa. ¡Bingo! Sobre todo, porque queríamos que Víctor y Miriam vieran y sintieran un poquito lo que nosotros venimos experimentando, desde hace ya más de dos años. Un perfecto desconocido que se vuelve un amigo en una noche.


Jean Pierre y Poulette (no se si se escribirá así, mi francés no es de lo mejor ¿Rod?) nos abrieron las puertas de su casa a cuatro extraños, y no solo eso; lo hicieron con una alegría y hospitalidad alucinantes ¿Para cuantos esto resulta extraño o improbable? Pues no lo es en absoluto, la gente sencillamente se brinda y lo hace con alegría si encuentra un buen motivo para hacerlo. En nada se parece esta realidad viajera a aquel tango que sentencia:
Verás que todo es mentira
verás que todo es amor
que al mundo nada le importa
yira... yira
Aunque te quiebre la vida
Aunque te muerda un dolor
no esperes nunca una ayuda
ni una mano ni un favor.

Nada que ver; igual cantado por el zorzal es una pinturita.


A continuación un cuento opcional titulado “Un Cuento Opcional”.

En el asteroide P-22-U-6-IG los kafondulirians y los ver-vers viven encerrados. Se comunican con sus trabajos a través de una extensa red de túneles que abarca todo el asteroide, trepando incluso por encima del los picos Vinmar y Dassler, y atravezando también el extenso Mar de Faller.
No salen al cine, ni al supermercado, ni a hacer trámites. Todo se soluciona desde sus cuevas, utilizando knanderferbers último modelo. Las knanderferbers son su única conexión con la realidad. Sus cuevas, el único sitio donde se sienten seguros. Es raro que las noticias del día no incluyan la muerte de un kafondulirian, a manos de un ver-ver o vice-versa. Una vez un ver-ver salió al exterior y volvió con noticias maravillosas de hongos bailando el vals y altísimos tallos que se perdían en el espacio. Dijo haber visto un kel-kaalar, pero nadie le creyó porque éstos se sabían extintos desde hacía ya 33 nano-parks. De hecho nadie le creyó nada de lo que dijo. Las autoridades lo encerraron en la prisión Gayol-la durante 0,002 nano-parks y al salir, ya poco le importaba que todos supieran de aquel mundo increíble.
En el asteroide P-22-U-6-IG se dice que pronto comenzará una lluvia Nimbar, por eso todos prefieren quedarse dentro de sus cuevas, alumbradas solo por el brillo de las modernas knanderferbers de esfera kinética. Afuera es demasiado peligroso, afuera es demasiado incierto, después de todo, la esfera kinética reproduce las sensaciones de movimiento y percepción con una eficiencia del 99,7%.
En el asteroide P-22-U-6-IG se dice que existe un foco de ver-vers infectados de dodeddameroheliomacademelia sobre las faldas carbonadas del Vinmar. Nadie sabe cuantos son, o si su enfermedad es contagiosa. Mejor quedarse en la casa. Por si las chechkas, mejor quedarse en la cueva.

De Campeche viajamos a Palenque, a buen ritmo, aprovechando los últimos kilómetros de llanura. Teníamos cerca de la ciudad, un amigo que conocimos casualmente en la playa mientas nos sacaban la foto del esplendido beso lunar. Nos había invitado a pasar unos días en su finca orgánica. No sabíamos exactamente donde quedaba el lugar, pues sus indicaciones habían sido del todo vagas, pero corríamos con la ventaja de que no existe persona en Palenque, que no sepa de Manuel Oca.  


Llegamos ya oscureciendo y Manuel nos recibió a su manera. Con su discurso de acomódense como quieran, donde quieran y hagan lo que quieran. A mi no me importa mientras no me molesten. Suena una poco brusco, pero en realidad fue todo lo contrario. Nos mostró el lugar y nos dejó solos. Manuel es un tipo diferente, habla de cosas que no comprendemos muy bien, y vive en una realidad diferente a la nuestra. De vez en cuando ambas realidades se cruzan y hay puntos de conexión, pero por momentos se alejan y quedamos a años luz de distancia.
fin, no hubo demasiado tiempo para hablar, ya oscurecido el día en la selva, armamos nuestras carpas, cocinamos algo y nos acostamos a esperar la llegada del nuevo sol.


En el sitio no hay electricidad, el baño es orgánico y la ducha de agua fría. Lo bueno, tenemos una palapa con cocina a gas. Nosotros nos encontramos muy a gusto, pero sobre todo Víctor, no termina de adaptarse bien a lo rústico de nuestro nuevo hogar. Los chicos amagaron con irse uno o dos días antes que nosotros, pero finalmente hicieron un esfuerzo, se acostumbraron y nos quedamos juntos unos cuatro o cinco días allí. Manuel aparecía y desaparecía como un fantasma entre el profundo verde del lugar. Nos traía sus consignas místicas, nos contó su increíble historia repleta de magia y nos analizó uno a uno. Miriam fue la que más se dejó llevar, ella tuvo sueños extraños con duendes que le daban regalos de la selva y podía sentir la energía del ambiente. Víctor, era más lo que quería sentir que lo que sentía, y nosotros, Los de Fuego, los más escépticos a todo el asunto, debo decir con algo de pena. ¿Quién no quisiera un mundo lleno de duendes, hadas y magia? ¿Existen? ¿No existen? Creo que depende más de nosotros que de ellos.


¡Tu tienes el control!


Delux Palapa c/cocina y sala de estar.
El segundo o tercer día nos fuimos a conocer las famosas ruinas de Palenque. Según Manuel, el ombligo energético del mundo. Los chicos entraban gratis por ser domingo, pero nosotros no, por ser extranjeros. Fuimos a la administración, y tras hablar con el encargado de turno, conseguimos el pase libre.
Ya en las ruinas, con el permiso de los guardianes de Pacal, cada quien buscó su propio camino de preguntas y respuestas.


Las ruinas de Palenque están inmersas en una densa selva.


¿Fue acaso el poder sobrenatural del destino que, según se cree, guía las vidas de cualquier ser de forma necesaria y a menudo es fatal, es decir, inevitable o ineludible, el que te trajo hasta aquí Alfonso?



En tu loco espiral de metamorfosis se te va la vida Carlos. ¿Entendés Carloncho? Se te va hermano. Se te escurre imperceptiblemente, como una caprichosa y cristalina gota de grapa rolando por la húmeda oscuridad de tu ser. Carlos, Carlitos, Carloncho, ocultate si querés, ¡si! Ocultate Carlitos, no hay drama. Hacete invisible como lo hicimos en aquellos páramos helados de la tundra Rusa en los treintas. Acordate de aquella inmensidad de hielo y tomate el palo Carloncho. La metamorfosis está bien, pero ¿y la vita? ¿Y la vita hermano?


“El poder es la capacidad de pocos de hacerles creer a muchos lo poco que importan”



La manada y sus tres Criters invisibles.

De regreso en la finca, encontramos nuestra conexión con Manuel y el lugar trabajando la tierra. Limpiando la huerta, preparando un compost de lombrices criollas y acomodando la única colmena en producción, para hacerla crecer y comenzar a sacar núcleos para las otras deshabitadas. Yo particularmente estaba en mi salsa, esto es justo lo que soñamos siempre con Le´chien (Dolores). Hasta un galpón para producción de hongos había por ahí, perdido en la vegetación, solo que todo abandonado. Las piletas para lombricultura llenas de plantas de mango, las colmenas desordenadas y desatendidas, los hongos abandonados, y así. Él solo no puede con todo y vive de lo que su reserva le provee. Los frutos de los árboles, su huerta y no mucho más, casi no maneja dinero y el tiempo no le alcanza.


BF.

Pienso, luego juego con abejas.


BF.
Nos vimos tentados de quedarnos un mes trabajando en el lugar, pero entendemos que todo a la vez no puede hacerse. Ya nos había pasado en la selva de Ecuador, en Río Blanco. Nos invitaban a quedarnos y ganas no nos faltaban, pero estamos viajando a Alaska y por eso, siempre debemos continuar.
Como siempre que se pasa tiempo en la naturaleza, salimos con fuerzas renovadas. Además Manuel trajo a un brujito local, que nos limpió cuerpo y espíritu pasándonos un huevo y leyendo luego el veredicto en un vaso de agua. Cosa ´e mandinga, mejor no pregunten.

La llanura muere aquí, en Palenque, a partir de este momento volvemos a las montañas. A trepar con gran esfuerzo hasta los 2.200 msnm de San Cristóbal de las Casas. El camino no es tan exigente, pero pasamos por muchísimos pueblitos que tienen la costumbre de poner topes en la ruta. Estos malditos topes bajan mucho el ritmo del viaje y demuelen la paciencia del conductor. Para nosotros con nuestro motorcito de 602 cc, son un dolor de cabeza, ya que los ponen incluso en plena trepada, dificultándonos tomar ritmo y meter segunda. Guatemala y México están repletos de estos topes.
Como no llegamos de un tirón, paramos en una casita al costado de la ruta y pedimos permiso para armar las carpas en el terreno que había al fondo. Nos permitieron acampar y calentaron agua para nuestras sopitas instantáneas. Por primera vez en siglos, el frío se hacía sentir fuerte. Bajamos las mantas del porta equipajes, y bajo una oscura bóveda sembrada de infinitas estrellas, pasamos la helada noche ¡como extrañábamos el frío!


A la mañana siguiente todos moqueando (y ya extrañando al frío poco y nada), esperamos que el sol seque las carpas, mientras encendíamos un fuego para calentar café. Un rato más tarde llegábamos a San Cristóbal.


La Nave se abre paso en las callecitas de San Cristobal.

San Cristóbal de las Casas, es una de las ciudades más bellas que hemos visto a lo largo de nuestro viaje, sin exagerar. Su estilo colonial, sus iglesias con fachadas que son obras de arte, los colores vivos que dan vida a las casas, sus calles adoquinadas y el extra de estar allí para las fiestas de la Virgen de Guadalupe, nos dejaron enamorados.




Ambas de BF.
La devoción que existe en México por Guadalupe es sobrecogedora. Desde que partimos de Yucatán, encontramos a gran cantidad de gente volcada en las rutas, viajando para agradecer, para saldar compromisos con la Virgen. Algunos van en bicicleta, otros alquilan un camión y se van pasando una antorcha que llevan corriendo a un lado del camino. Corren a través de las montañas sin importar el frío, la lluvia o el sol. Cubren grandes distancias hasta llegar al santuario, con la ropa sucia y deshecha, para ver a su madre de frente y decirle gracias. Es un espectáculo digno de ser admirado, por el despliegue de color, sacrificio, fe, alegría y ruido.


En México se vive de fiesta, y festejan a lo grande. Los pueblos y ciudades permanecen decorados con vistosos colores, las ropas de gala abundan en las calles, los estruendos de la pólvora nunca descansan, la alegría de la gente se revuelve entre el bullicio y nunca se acaba el jolgorio. Día de muertos, día de la Virgen, Navidad, Año Nuevo, Reyes y a esto sumadas las fiestas locales. Créannos, la alegría no es solo brasilera.



BF.
La primera noche la pasamos en el cuartel de bomberos. Particularmente el cuerpo de bomberos de San Cristóbal resultó ser sumamente amable y hospitalario. Hasta uno de los comandantes al ver que se complicaba hospedarnos allí, nos ofreció su casa. Al día siguiente un italiano se acercó a La Nave y comenzamos a charlar. Gian Carlo vive aquí hace unos cuantos años y tiene una pizzería llamada Di Vino, sobre la peatonal. Nos preguntó si teníamos donde quedarnos y nos prometió hablar con su novia, Nedelka, para ver si nos prestaba su casa. Por la tarde fuimos a ver a Nedelka, que nos saludó a todos con un efusivo beso y un abrazo, como si nos conociera de toda la vida. A veces nos preguntamos si será casualidad, que siempre conozcamos a gente tan linda en nuestro andar (acá recibo el reto de la Peque, que me pregunta como puedo aún pensar en las casualidades). Nooooo, nada de casualidad, nos encontramos con tanta gente hermosa porque estamos sintonizando la misma frecuencia. Así es en realidad.

El hecho es que nos quedamos cuatro días en la casita, con la única condición de que por la mañana, alimentáramos a los seis perros callejeros que se acercaban a la puerta sin excepción, con la salida del sol. Nedelka tiene una inmensa bolsa de “croquetas” para alimentar a los vagabundos de la calle y otro tanto para sus perros oficiales, los de puertas adentro, que son otros seis sumados a los de Gian Carlo.


La manada junto a Gian Carlo y Nedelka.
 

Intentamos sacar un permiso para vender bijoux en la calle, pero los tentáculos de la burocracia volvieron a frustrar nuestro esfuerzo. Aún así, algo llegamos a vender y pudimos montar una megafiesta para el cumpleaños de Loli.
 

¡Que grande sos Le´Chien!
Vino invitado por los chicos, que además fueron compañía de lujo para la ocasión, un guisito riquísimo en el que todos metimos mano y lemon pie de postre. 29 pirulos para la Peque que cada día está más hermosa y más viajera.
 
Ese día, 12 de Diciembre nos fuimos todos juntos a conocer un pueblito cercano llamado San Juan Chamula. Este pueblo es famoso por lo que sucede dentro de su iglesia. Se ha dado, como en muchos lugares, un curioso sincretismo religioso. Pero aquí, los pueblerinos aborígenes, son muy celosos de sus costumbres y no permiten que se tomen fotos. La pena para el turista desobediente no es una multa, si no el linchamiento o un castigo semejante. Traten de imaginar un poco la vibra del lugar, uno más que extranjero, se siente extraterrestre.

Con nuestras cámaras bien guardadas, llegamos al pueblo que estaba en plena fiesta. Curiosamente no había casi figuras de la Virgen de Guadalupe, salvo una, dentro de la iglesia. Si había muchos santos, miles de velas encendidas ardiendo con más intensidad de la acostumbrada, y extraños aromas saliendo de todos lados. Las explosiones aturdían y al cabo de un rato hasta nos dolían los oídos. Lo peor era cuando agarraban un trozo de madera ahuecado, lo llenaban con pólvora y le daban candela sosteniéndolo aún en la mano. La explosión era fortísima, muchos turistas se tapaban los oídos y hasta vimos a una chica llorando sobrepasada por los estruendos (un poco exagerada ella).
No entramos a la iglesia porque nos querían cobrar y no le hallamos demasiado sentido al asunto. Si no quieren mostrar, pues que no lo hagan, están en su derecho. Ahora, cobrar la entrada es vender algo que no debería ser vendido. Con la misma idea, nunca entramos a las iglesias cuando pretenden cobrarnos por hacerlo (y ya han sido varios los casos). En fin, nos quedamos en la puerta viendo como salían las columnas de gente con sus músicos, sus braseros, sus rezadores, etc. La plaza estaba llena de simpáticos borrachos bailando en ausencia total del ritmo. Una chica nos cuenta que si bien hay mucho alcohol, nadie molesta. Si alguien se pasa de la raya, los “policías” (que son unos tipos que llevan un bastón), se los llevan para la casa. Nos cuenta que no hay robos, que no hay crimen y le creemos, porque aquí la ley si se aplica, y es dura. Aquí no hay indulgencia ni favoritismo, aquí el que delinque, paga. Por eso no hay delincuentes. ¿Sencillo no? Para pensar.
Nuevamente nos encontrábamos en un mundo distinto, pero esta vez no pudimos documentarlo con fotos. Tendrán que creer en nuestras palabras.


El panteón a la salida de San Juan Chamula, fue lo único que alcanzamos a fotografiar (desde arriba del auto).

Ya de regreso a San Cristóbal, quisimos pasar a conocer otro pueblito, pero en la entrada pretendían que paguemos para circular por las calles. Le dije al flaco –si vinieras a mi ciudad de visita podrías entrar sin pagar nada, me parece de mal gusto que cobren solo porque somos de afuera. Venimos a comprar artesanías (mentira), a conocer tu gente y tu lugar, nada más-. Como el muchacho no aflojaba y no había superior, le dije –Con vos no hay ningún problema, hacés lo que te dicen, pero contale a tu jefe, que así lo que logran es echar a la gente-. Al menos a nosotros nos echaron. El bendito turismo, ¡como arruina todo! Yo no quiero vivir en un mundo donde te cobran hasta por respirar. Acá hasta en las estaciones de servicio cobran el baño. Imagínense viajar al pasado y contarle a alguien de hace cincuenta o cien años atrás, que en el futuro va a tener que pagar para orinar. Pues hoy eso es de lo más común. No more complaining.

Y bueno conejillos, por esta vez los vamos dejando. Partimos esta publicación en dos para que no sea tan extensa. Aún nos queda camino por recorrer con los magníficos “Babyface” y Miriam.
No mentían quienes nos decían que México es un país alucinante, con gente de primera y mucha magia por ser descubierta. ¡VIVA MEXICO CABRONES!
¡Besos, abrazos y patadas ninjas para todos!
¡Arrivederci e buonafortuna!

Fe de Ratas: Varias de las fotos de este y el próximo posteo fueron tomadas por el genial Baby Face. Las mismas se indican con la sigla BF.
Además busquen la encuesta al pie de la página.

domingo 3 de enero de 2010

Los Hombres Gigantes

Cantidad de recetas han sido inventadas por diferentes autores para gobernar el mundo, cada uno ha ofrecido la suya como si fuese la más perfecta. Sin embargo, todas han resultado ser insuficientes.





Caídos los horizontes del sur, los de la tierra de gigantes. Caídos los que se adivinan tras el manto ruidoso y vibrante de las selvas, bosques y montañas de mitad del mundo. Partidos por un rayo fulminante los mil horizontes. Raspada la sal que ha hallado hogar en el cielo. Mil líneas que dividen el presente del futuro, y lo certero de lo ignoto. Líneas que ocultan a la inagotable magia de este grano de piedra celestial. Tanto tocado, tanto andado y la pregunta aún intacta ¿Qué habrá un poco más allá?
Es en verdad magia. Mas persiste la sed del curioso. Lamenta que este mundo esté ya tan gastado, tan usado. Manoseado, dividido con alambre y clasificado. Añora aquel globo sin mapas, aquel de países prístinos. Tierra en la que cada paso era uno nuevo, y nada se sabía de lo que ocultaba aquella burlona línea, que siempre se corre un poco, alejándonos de su verdad. ¿Cuánta magia se habrá esfumado en el espacio? ¿Cuánta se habrá fundido en la roca para persistir aunque sea en sueños? ¿Cuántos hombres extraordinarios se habrán perdido para siempre en su búsqueda? No existe un cielo chiquito, sino uno infinito. No existe un suelo chiquito, sino uno vasto. No existe un hombre chiquito, sino uno gigante. Allí está la magia, admirada de detrás de un vidrio que ya se empaña, ya se cubre de polvo, y permite distinguir solo figuras vagas e inalcanzables. Allí está la magia, casi olvidada, aún a la espera. Siempre a la espera del los hombres gigantes.


Como siempre volver a nuestro relato, es volver a hablar de amistades inesperadas y enormes. Es volver a hablar de manos de hombres generosos y pequeñas batallas superadas. Es volver a hablar de lo incierto, de ir un paso más allá y recibir fascinados lo que el camino nos pone delante. Una persona, una comida desconocida, una isla, un reencuentro, otro problema mecánico, y una línea burlona que perseguir.


Para esta publicación de americaencitro, contamos con la colaboración especial de Gunther, el fotógrafo conceptual alemán. Gunther (que siempre viste polera) tituló y explicó las primeras 25 fotos de esta entrada. Ojalá puedan disfrutar su arte tanto como lo hacemos nosotros.



“Insabora, incolora e incípida. La historia paralela” (Patada en medio líquido).



Nos quedamos en Playa del Carmen, uno de esos puntos magnéticos que nos atrapan por meses. La nave aún dejaba su cortina de humo mientras nos movíamos, así que la prioridad número uno era aprovechar los repuestos recién llegados de Argentina a manos de Mirtman y Guada, para acabar de una vez con este problema. Tras un paso obligado por el cuartel de bomberos una última noche, hallamos hospedaje en la casa de Braulio y su familia. Braulio es mecánico y vive alejado unos diez kilómetros de la ciudad. La casa es chiquita y allí viven él, Lupe y su hijita Christi Anselle. Además, sus padres ocupan una piecita y por las noches arman su puesto de venta de gorditas, tacos y empanadas en el frente de la casa. El movimiento era mucho, el espacio poco, pero la predisposición y generosidad de esta familia, inmensas.


“El xilofón de Mertezacker” (Yah Rasta y Titi).


Allí durante el día, la Nave se sometía a la cirugía del Dr. Faca, y por las noches, los vapores del aceite se abrían paso ocupándolo todo. No hay fotos del arreglo, probablemente a esta altura ya no nos hacía ninguna gracia tener que desarmar una vez más el motor del Citro. Tras dos intentos fallidos en Guatemala, volvíamos a un cambio de aros (esta vez con materia prima nueva y argenta). La sorpresa fue que los aros estaban perfectos, y era en cambio un pistón el que tenía un tajo que recorría su cabeza de un extremo al otro. ¿Cómo pudimos pasarlo por alto cuatro tipos en Guatemala? Ni idea, pero ahí estaba el cabezón partido al medio y todos los repuestos que con tanto trabajo habían llegado de Argentina (incluyendo camisas nuevas), de poco servían. La historia de Colombia se repetía, una vez más se estiraban los plazos, había que molestar a todo el mundo para conseguir pistones nuevos y todo dentro de la casita de espacios diminutos y corazón inmenso.



  “Del Kilimanjaro a Taipei” (Ara, Lupe, Titi, Braulio, la Peque y Faca posando para la posteridad).



En Argentina todos se movieron como un rayo para no alargar la espera. Alfredo, nuestro querido y respetado repuestero, eligió tres pistones de los mejores que tenía, Beto y Quique (nuestros queridos padres) hicieron el resto. Solo quedaba esperar.


Para no molestar demasiado, comenzamos una seguidilla de mudanzas que nos llevaron de una casa a otra dentro de la ciudad (nos mudamos en total 12 veces). Fue increíble la cantidad de gente que nos tendió la mano en Playa del Carmen. La primer mudanza fue a lo de dos cordobeses; “El Sapo” y Emi, en su casa nos quedamos durante diez días hasta que llegaron los pistones.



 “La metamorfosis de Sun Yat Sen” (Impronta del Sapo y Dr. Faca en el Pura Vida). El Sapo, un grande que llevará su nombre a la cúspide del universo. Una vez allí las opciones partidas. Abandonarlo y seguir el camino del ser terrenal, o abrazarse a la gloria del nombre, que no es más que abrazarse a un reflejo sin substancia. Mil gracias por todo hermano.


En medio del dilema, Victor y Miriam, nos habían invitado a su casamiento varios días antes. Nosotros habíamos creído estar bien lejos para esta fecha, pero no. Mucho tendríamos que vivir en Playa todavía. Así fue que la Peque desempolvó sus vituallas de gala y el Sapo vistió bien caribeño a Faca para la ocasión.



 “Mucho Mojo” (Joven caucásico despilfarrando facha)



“¿El esquimal?” (Músicos ocasionales sobre la playa)



"Sr. Presidente, el trabajo está hecho" (foto de boda)



“Paralelismo montado en patineta”. (Los de Fuego en blanco y negro)



 “La ameba superlógica” (Zapatos de un novio en la playa).


El casorio fue hermoso, en la playa. Todo de prima, mucho dancing, mucho morfi y trago. Todo como debe ser, pero lo más importante viéndolo desde nuestro lado egoísta y dejando a los anillos a un lado, fue como nuestra relación con los chicos comenzaba a hacerse grande. Dicen que entre locos se entienden; de nuestro estado mental poco queda por decir, y para que juzguen el de Victor y Miriam, solo diremos que nos nombraron padrinos de velación (o sea que nosotros venimos a ser la pareja experimentada, aplomada y bien encauzada a la que deben acudir en busca de consejo cuando las papas queman). Sin comentarios….   



 “Espora y desenlace” (Vista romántica de una pareja enamorada)


Llegados los pistones, Faca armó todo con aros y camisas nuevos. El humo desapareció pero, siempre un pero. Ahora con un sonido de golpe suicida, el motor se sacudía y pedía desarme nuevamente. De locos, todo, absolutamente todo surge de no haber abierto el motor antes de salir, un detalle que pagaríamos con creces a lo largo de nuestro periplo americano. Cuando trabajamos una de las culatas en Perú con el estimadísimo y genial Yuri Zimic, el rectificador se pasó de rosca y ahora, varios miles de kilómetros al norte, el pistón golpeaba contra la culata. Por eso se partió el viejo, y por eso ahora el nuevo sin desgaste, sonaba más duro.
Créanme cuando les digo que estoy abreviando esto a más no poder para no aburrirlos. Las vueltas que dimos para hallar la causa del ruido no fueron pocas, estuvimos a punto de cambiar guías y válvulas, en fin un rock´n roll de cuatro tiempos. Fue Alfredo desde Mar del Plata el que se iluminó y cantó la posta. Mandamos a hacer una arandela a medida para suplementar la camisa, armamos todo el circo y ¡MIRACOLO! ¡FUNCIONA!
Claro que hicieron falta varios ajustes post operatorios. Hasta los frenos por arte de magia se descalibraron durante el parate, cosa ´e mandinga. Apenas pusimos el motor a andar, se sacudía como un ko-hi-nor, otra vez con el alma por el piso, dejamos la casa de Braulio andando a los tumbos diez kilómetros hasta nuestro nuevo hogar (ya no nos daba la cara para volver a desarmar todo allí) en la casa de una Pehuajense; Cecilia. Afortunadamente las luces del nuevo día, trajeron soluciones; solo era una bujía. Hubo que ajustar las tuercas de ¡ambos! Semiejes, que también como si el diablo hubiera estado jugando con ellas, se encontraban sueltas. El día que salimos a la ruta a probar y asentar la Nave, como para coronar el gualicho, se largó un diluvio torrencial que nos obligó a regresar sin alcanzar nuestro destino en Tulum.



 “Interrumpida y en foco” (Ceci y los de Fuego sobre un sofá-cama). Ceci, otra ídola con un corazón del tamaño de  Júpiter. Mil gracias por todo niña de Pehuajó.


Pasada la tormenta y con el ánimo repuesto, comenzamos con las averiguaciones para aprovechar nuestra cercanía y volar a Cuba desde Cancún. La decisión no fue sencilla, pero finalmente nos dispusimos a adentrarnos en el Mar Caribe para pasar diez días en la isla de Fidel.


Los preparativos y últimos días de espera para volar a Cuba, los hicimos desde la casa de Victor y Miriam último bastión de los de Fuego en Playa del Carmen. Los chicos nos dieron una mano enorme, Miriam sacó a la Peque a lucir la bijou y vendieron muchísimo, ese dinero fue crucial para el viaje al mundo comunista. Además aprovechamos sus vacaciones para visitar Xcaret en día de muertos, buceamos con tortugas en Akumal, conocimos Puerto Aventuras y todo en medio de un festival gastronómico casero.


“Sin peroné” (Joven caucásica pintada en ocasión de día de muertos).



 “Las velas” (guacamayas).



 “Las Guacamayas” (velas).



 “Beethoven no comía mortadela” (Joven caucásica junto a dos muertos. Altar en Xcaret)


“Jardín sin jardín” (Miriam y Loli y Faca y dos extraterrestres de otro planeta).



“¡Lástima! Salió hace cinco minutos” (Estatua oculta en la vegetación).



“El Yo” (Panorámica de Playa del Carmen).



 “Kachemira” (Loli perdiendo su mirada en Playa del Carmen).




 “Cuchara y circunstancia” (Miriam y Loli y un lemon pie).



“Gorrión gaseoso” (Manatí en medio líquido).



“Cetáceo lactante deslactosado” (Medio delfín a contraluz).



“Ischabaud” (Pareja nómade caucásica en el paraíso).



“Ischabaudeleir” (Pareja nómade caucásica + pareja sedentaria en el paraíso).



“ Sangrona y con molcajete” (Señora casada preparando guacamole).



Capitulo II. Cuba.


Trataré de ser lo más objetivo posible al escribir estas líneas, que se sepa. No voy a hablar ninguna verdad de Cuba o del comunismo, socialismo o como quieran llamarlo. Sería complicado hacerlo ya que nos topamos con muchas verdades (casi todas distintas) y mayor cantidad aún de mentiras. Voy a relatar nuestras impresiones y vivencias. El resto; las opiniones, tómenlas como notas al margen, ya que sacar una radiografía social de Cuba en diez días, es imposible. Por eso disculpen la desfachatez.


 Desde que pisamos el aeropuerto y nos dispusimos a despachar nuestras maletas, nos dimos cuenta de que estábamos a punto de entrar en un planeta que nada tiene que ver con el nuestro. Volábamos a Cuba fabulando como sería todo, volábamos a un mundo nuevo, aterrizábamos en el mundo socialista.



 El primer mito quedó enterrado en cuanto nos subimos al avión, que no se veía como aquellos de la segunda guerra mundial. Los cuentos no eran más que eso; cuentos.
Tras una hora de vuelo tranquilo (aunque en medio de un caos de valijas y pasajeros poco considerados), aterrizábamos en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana. 



 Hay dos formas de viajar en Cuba, una es gastando muchísimo dinero. Para quienes eligen este modo están los CUC. Los CUC son apenas más caros que el dólar, y son utilizados principalmente por los turistas y los cubanos que hacen mucha plata “ilegal” (y esto de ilegal es una obviedad, ya que los sueldos oficiales de Cuba promedian menos de 20 CUC mensuales. Además ilegal va entre comillas, porque en este país todo es ilegal). La otra manera de viajar es fenomenalmente económica; se usan pesos cubanos que se cambian a 25 por cada CUC. Para esto hay que mezclarse con el pueblo, hay que caminar, buscar y ser tenaz. Dicho esto, imaginarán en cual de los dos botes elegimos embarcarnos. Podíamos pagar 25 CUC para abandonar el aeropuerto en taxi, o tomarnos una guagua (colectivo) por 0,8 pesos cubanos (o sea, más de 625 veces más barato).






Salimos a pie del aeropuerto y diez minutos más tarde estábamos en la casa de un cubano llamado Yosvanni, tomando café. 



  A diferencia de lo que acostumbramos, en Cuba no pudimos alojarnos en cuarteles de bomberos, ni recibimos invitaciones para hospedarnos en casas de familia o gasolineras. Todo es ilegal en Cuba. Esta vez lo que oímos por ahí era verdad, los cubanos no pueden alojar extranjeros, a menos que posean un permiso del estado y paguen un impuesto mensual. Ya de noche Yosvanni nos dejó en la casa de “Mamita”, nuestro hogar en La Habana.



 Nuestro recorrido en Cuba además de la capital, incluyó a tres ciudades del interior; Santa Clara, Cienfuegos y Trinidad. Con cada día transcurrido en la isla, nuestra opinión del país y la revolución cambiaba rotundamente, según lo que nos tocara ver y oír.
Quisimos empezar por conocer La Habana, y si bien el transporte público es casi regalado (a veces regalado del todo, ya que muchos usuarios suben y no echan la moneda en la alcancía), preferimos caminar para ver más y mejor. Desde el Vedado a La Habana Vieja y vuelta, bajo un sol que se hacía sentir, pero no aplastaba.


 Para mí una verdadera tortura por el estado de mis zapatillas, que era deplorable, obligado a pisar mal y con ampollas en los pies.














La ciudad entera cabe dentro de una foto vieja. Una foto amarillenta con las puntas dobladas, y dos o tres remiendos de cinta adhesiva. Pausada, detenida en el tiempo. Viviendo del recuerdo, alimentándose de él para mantenerse de pie y respirando en blanco y negro.
Los edificios con sus fachadas descascaradas, cuando no deshechas; se mantienen verticales solo por orgullo. Al foro asisten sin maquillaje, día tras día. La Habana es anacrónicamente hermosa. Sus anchas avenidas vacías, sus monumentales construcciones que laten al ritmo de ciudad enferma de realidad, que se afana por persistir. Sus automóviles de partes prestadas, yendo y viniendo sin compás de capital, muchas veces al lado del camino con sus capotas levantadas y sus fierros cansados de tanto andar. Los balcones teñidos con los colores de la eterna pobreza latinoamericana, los colores de la ropa usada mil veces y zurcida mil veces más. Los andadores hinchados de transeúntes, también ellos despreocupados, sin compás de capital. Calles sin voces de niños, o manos de niños mostrando sus palmas al cielo, o a la tierra. Calles vacías de preocupación, pero vacías de conformidad. Ruido de voces vivas, e inquietante silencio de voces silenciadas. Con su noche que conoce solo el brillo fosforescente de la luna, si es que hay luna. Con sus noches de caminata serena bajo mil focos que no alumbran, contagiados por ese andar apagado de los hombres sin voz. Con su son que se escurre entre las hendiduras de las infinitas puertas, impregnadas de vejez y caducidad denegada. Con su sonrisa dibujada en una boca mulata. Con sus remaches de socialismo y remiendos de revolución. Única, eterna en su fotografía amarillenta. En su cárcel de papel. La Habana es la más hermosa de las ciudades.


El hombre y su boicot al hombre. El hombre y su mentira. El hombre y su bastón de mando. Siempre el mismo cuento, con distintos nombres, pero siempre el mismo cuento.



Pros; pocos pero de cuidado. Los chicos en la escuela, estudiando, o jugando, o lo que sea, pero siendo chicos. Ni en la calle, ni trabajando, ni sin brújula; en la escuela. Si bien no podemos pasar por alto lo que se les enseña, o como se los adoctrina, tampoco podemos desatender, que primero se les debe permitir ser chicos, y eso en Cuba es ley sagrada.



Pros, pocos pero de cuidado. La seguridad en Cuba es superior a la del resto de Latinoamérica. Caminamos por calles pobres y oscuras con la sensación de que nada malo nos podía pasar. Y difícilmente algo malo podría habernos pasado, porque en Cuba no existe el nivel de violencia al que estamos acostumbrados afuera. Menos robos, menos armas, menos marginalidad. Hay un control que por momentos da miedo, hay un pueblo adoctrinado, sumiso y sin reacción. Hay un pueblo controlado en el sentido amplio de la palabra.



Pros, pocos pero de cuidado. La pobreza cubana es una pobreza más digna. No creo que sea un consuelo tonto, o un detalle sin importancia. Lo peor de la pobreza no es el plato de frijoles y arroz, o de arroz y nada más. Lo peor de la pobreza no está en el techo que no es techo, o en la caminata obligada. Lo peor es la marginalidad, lo triste es estar afuera. Además de vivir en penas, vivir obligado a ser invisible, a no existir. Discriminado por los que no somos pobres, señalados, excluidos, olvidados, condenados y despreciados. Menos que los perros sarnosos que los acompañan. Esos son los pobres de las villas miseria argentinas, de las inmensas barriadas limeñas o fábricas de maras salvadoreñas. En Cuba se niveló para abajo, y créanme que se les fue la mano, porque están raspando el fondo del tarro. Pero su pobreza, es una pobreza de hermanos, de bolsillos vacíos que no conocen el resentimiento del marginado. Es una pobreza diferente a la que conocimos antes de venir a la isla, una más digna por muerte.



Pros, pocos pero de cuidado. La explosión, y nada más. La idea pero hace muchos años, no ahora. Decir basta y revelarse contra la opresión, pelear por lo que bien vale la vida. Ese momento, que duró mientras hubo un opresor. Apenas ahuyentada la bestia, el vencedor asumió el rol de la bestia. Y no hablo en el sentido patético de los revolucionarios modernos, que alzan banderas ajenas desde la inacción. De los que ni siquiera gritan, y se llenan la boca de palabras sin actuar jamás. Yo asumo que pertenezco a una generación de corderos y que vivo en una hora de quietud ridícula. No comparto los medios violentos, y no creo que estos sirvan en absoluto a los fines de obtener cambios profundos y sustentables. Aún así, aplaudo y aplaudiré siempre a los que se revelan contra la injusticia y la opresión. Aplaudo ese coraje que no he sabido encontrar en mi, ni a mi alrededor.






De la salud pública no hablo, porque no me consta el gran nivel que le adjudican. Hemos escuchado versiones de cubanos, tanto a favor como en contra.



Contras, infinitos y también de cuidado.
¿Gobierno para el pueblo? ¡Por favor! Quitamos el poder de las manos del enemigo, del imperialismo del norte, para dárselo a los cubanos -eso dicen-. Hasta hace poco los cubanos no tenían derecho de entrar en hoteles y círculos de elite. Hasta el día de la fecha es ilegal para todo cubano (salvo artistas, deportistas y algún otro) caminar junto a un extranjero en su propio país. I – LE – GAL. Lo del hospedaje ya lo hablamos.



No poseen los cubanos, la libertad para salir de su país a voluntad. Quien diga lo contrario está chicaneando, sin dar explicaciones y por que si, nadie puede salir de la isla. ¿Gobierno para los cubanos? La lista es infinita. No hay libertad de acción o expresión, todo pasa bajo la lente vigilante del estado. En resumen nada ha cambiado, los cubanos siguen como los campesinos de la montaña, atrapados entre dos fuegos. Si van por la revolución se los joden los de afuera por comunistas, si se alzan como voz opositora, se los cargan los de adentro por contrarrevolucionarios. No hay a donde ir, por ambos lados la tenaza se cierra sobre ellos. ¿Gobierno para la gente? No, como en todos lados; gobierno para el gobierno.



Y si la discusión se muere en que clase de sistema es mejor, pues a nada se llega. Porque el problema no es el sistema capitalista, ni el comunista, el problema somos los tipitos que vivimos dentro de ellos.
 Nuestras sociedades nos reflejan. Nos pesa ser lo que somos, pero no podemos hacer otra cosa.
¿Cuba? Cada quién se lleva su propia conclusión al pasar por allí. Buenos, malos, mejores, peores…. Para mí que hace dos días cumplí dos años de viaje junto a la Peque a través de 15 países de América, me resulta imposible mirar con simpatía la política de Fidel y sus muchachos. Y lo dice alguien que no está nada contento con la picadora de carne. 



Viajar dentro de Cuba fue distinto, empezando por el método que utilizamos para movernos entre ciudades. En las afueras de cada ciudad, existen los que se llaman “Puntos amarillos”. Como los bienes del estado son en realidad bienes de la gente (y eso es en todos lados), muchísimos automóviles y camiones manejados por empleados del gobierno, son en realidad medios de transporte potenciales para toda la gente. La cosa funciona así: Al llegar al punto amarillo se notifica al funcionario (obviamente vestido de amarillo), a que ciudad se desea viajar. Así se entra en una lista de espera y a partir de entonces, toca cultivar bastante la paciencia. El “amarillo” para a los coches de placa azul y les pregunta a donde se dirigen, si alguien va para allá ¡ZACATE! ¡Viaje gratis! Bueno, en realidad se pagan entre dos y tres pesos cubanos, dependiendo de la distancia del viaje (unos 6 centavos de dólar).  Todo parece ideal, pero no es tan así. En primer lugar hay muchos “amarillos” sin autoridad y con poco interés por hacer viajar a la gente. Además, muchísimos conductores no se molestan en parar, porque prefieren viajar solos, a tener un campesino maloliente a su lado (recuerden que este sistema, es utilizado preferentemente por la gente más pobre. De hecho cuando les contábamos a nuestros anfitriones que habíamos viajado con los amarillos, se agarraban la cabeza y se morían de risa). Usamos mucho este sistema, esperamos largas horas en la ruta (nuestra condición de extranjeros jugó en contra en el punto de Trinidad) y descubrimos dos cosas: Uno; la falta de sentimiento socialista de la gran mayoría de los cubanos. Dos; lo que ayuda a los fines de que los coches se detengan, tener un billete de veinte en la mano.



Aún así, recorrimos una buena extensión de la isla gastando poquísimo dinero y aprovechando la oportunidad para hablar con la gente. El regreso a La Habana desde Trinidad nos tomó el día completo, e hicimos nuestra segunda entrada triunfal a la capital, montados en la caja de un camión que si paraba, y lo hacía hasta cuando nadie se lo requería.  




 El interior del país, como en todos lados, es más vivible. Tanto Santa Clara, como Cienfuegos y Trinidad, son ciudades tranquilas de gente agradable y alegre. Ya de por si, el ritmo de los cubanos es bien tranquilo, y en las ciudades de provincia esta tranquilidad puede llegar aparecer una sana enfermedad. Influye bastante al respecto, el hecho de que como todos los cubanos son empleados del estado y su pobre sueldo no es proporcional al esfuerzo realizado en las labores, les da lo mismo hacer que no hacer. El carácter del cubano está impregnado de desinterés, a causa de la falta de motivación.



La más linda de las ciudades que visitamos, a nuestro juicio, fue Santa Clara. Su cadencia pausada, la pureza de su gente, su música y belleza nos cautivaron de inmediato. Allí visitamos el museo del Che, la biblioteca y “El Mejunje”. Este último sitio es una gran pista de baile con música en vivo, a donde los jóvenes se acercan para lucir su destreza con los pies. Nos llamó la atención lo sana que es la diversión de los jóvenes de Santa Clara. Casi ni beben en el lugar, posiblemente porque no les alcaza el dinero para hacerlo. Sea como sea, la música y el baile eran de primera. 



Faca posa en la puerta de "El Mejunje"















Tras pasar un día en Cienfuegos, sin mayores cosas para destacar, llegamos a Trinidad cuyo atractivo son las antiquísimas construcciones coloniales.



La ciudad es bellísima, pero la gran afluencia de turistas ya ha despertado en su gente ese afán por sacar al visitante algo, lo que sea. Es curioso como influye el turismo, sobre la manera de comportarse de los pueblos. Casi siempre se pierde algo de frescura y se gana otro tanto en especulación y oportunismo. 









Como viajábamos en plan cubano, gastamos poco pero también comimos muy mal. Casi siempre caminábamos durante horas hasta encontrar una pizzería, donde por 10 pesos cubanos (o cinco en el interior) comíamos una buena pizza napolitana. Nuestro menú casi no varió en absoluto, solo Mamita nos preparaba un sustancioso desayuno que contaba como almuerzo, antes de largarnos a la calle.








Podríamos pasarnos la vida hablando de todo lo que vivimos durante esos 10 días, pero ¿que objeto tiene? Lo mejor es que cada uno lo vea con sus ojos y saque sus conclusiones. Para nosotros fue una experiencia increíblemente enriquecedora, conocimos un mundo distinto por donde se lo mire. Un mundo sin publicidades, sin marcas ni ruidos. Un mundo menos competitivo, menos ávido de éxito (claro que esta palabra puede significar demasiadas cosas, pero hablo del éxito que lleva a algunos a pisar las cabezas de otros). Un mundo de austeridad, de necesidad y extraños fenómenos. Un auténtico cambalache donde el sálvese quien pueda, esta tan a la orden del día como en cualquier otro país latinoamericano. Un mundo que necesita propaganda política para sobrevivir al librepensamiento. Un mundo que necesita gente común; obreros comunes, técnicos comunes, soldados comunes, maestros comunes, alumnos comunes, y así. Un país que irónicamente se hace fuerte en la productividad del trabajo humano, pero aplaca el espíritu de sus obreros restringiéndolos de mil maneras (cometiendo el error de hacer al hombre chiquito). Un extraño mundo con virtudes y defectos. Incomunicado, desencajado y desengranado de la nefasta máquina mundial. Sometido, sometedor y orgulloso. Un mundo aislado no tanto por su condición de isla, como por su anacrónica existencia comunista. Un planeta con luz propia, sin demasiados amigos y un nombre cortito que despierta pasiones; Cuba.  




Disculpas por no haber hecho una publicación pre-navideña tal como nos era requerido, era la intención, pero se complicó. Como verán la Peque ya no es más Yah Rasta, la nave volvió al ruedo y nosotros, de regreso en México, estamos listos para seguir viaje al norte. Apenas 6 meses y unos 20.000 km nos separan de Alaska. A abrocharse los cinturones, que ahora pisamos el acelerador y no paramos hasta toparnos con un grizzly.


A todos les deseamos un 2010 enorme y feliz. ¡Aprovechenlo! Gracias por estar siempre ahí, los queremos conejos.
Braulio, Lupe, Titi, Ara, Beto, Aurea, Helgue, Sapo, Emi, Ceci, Rotem, Miriam y Victor agradecimiento eterno.


¡Arrivederci e buonafortuna!

sábado 28 de noviembre de 2009

Una Simple Historia de Tortugas

Capítulo I: Todo menos una simple historia de Tortugas.
Continuando nuestro viaje por el rocoso mundo maya, ya en Guatemala una vez más, saltamos de un sitio arqueológico en otro sin parar. Honduras y Copán quedaron atrás, apenas un día nos tomó llegar a Quiriguá, otra ciudad perdida en el bosque. El camino se vuelve menos exigente a medida que avanzamos sobre la península, la nave comienza a correr a buen ritmo por los terrenos llanos, pero la cortina de humo que vamos dejando al andar no es nada alentadora. Para nuestra entrada a las ruinas mayas guatemaltecas, tuvimos como regalo de Patrimonio Cultural de Guatemala, un salvoconducto que nos exhoneraba de pagar los tickets correspondientes en cada sitio (Juan y Aymi lo habían conseguido primero y nos pasaron la voz). Hicimos una lista de los sitios que queríamos conocer y ellos los incluyeron a todos en el documento. Nuestra precaria economía viajera, agradeció infinítamente la ayuda y le sacamos el jugo a la situación.

Las estelas de Quiriguá, son las más altas que hemos visto. La influencia del arte de Copán se ve claramente aquí, aunque si de odiosas e infructuosas comparaciones se trata, la calidad de todos los tallados de las ruinas ubicadas en Honduras, superan por mucho a las de todas las demás que hemos conocido.

Nuestra visita a Quiriguá fue cortita, en una hora habíamos recorrido todo el lugar y la lluvia no invitaba a quedarse contemplando las gigantescas moles de piedra por mucho tiempo. Así es que antes de lo pensado, ya estábamos en la ruta nuevamente. Aquel mediodía, aprendimos una lección que ya alguna vez habíamos vivido. Estábamos en un pueblito a pocos kilómetros de las ruinas y llovía torrencialmente. Un curioso se acercó al auto y nos ofreció un paraguas, yo le dije que gracias, pero que no lo necesitábamos. Solemos resistirnos a cargar muchos objetos en la nave por lo acotado del espacio. El hombre insistió "pero te lo estoy regalando" sin entender porque yo no lo tomaba. Yo volví a decirle amablemente que no lo necesitábamos, que mejor lo guardara para usarlo él. El hombre se alejó con una cara de desilusión que nos rompió el corazón, lo veíamos hablando con sus amigos, gesticulaba intentando explicarles que no habíamos aceptado el regalo y todo el mundo quedó triste. Nosotros por ingratos, y él, porque no logró satisfacer su deseo de ayudarnos con su humilde aporte, en nuestro gran viaje americano. Ya una vez en Colombia me había pasado lo mismo cuando en Cali, Lewis me quiso pagar la llenada del tanque de gasolina. Como él y Patty nos estaban hospedando y ayudando ya muchísimo, no quise abusar de su buena voluntad, pero al final, a Lewis no le gustó mi ingratitud y la situación fue muy incómoda. Lección aprendida por dos. Los regalos se aceptan con una gran sonrisa en el rostro, sin vueltas.

Los increíbles tallados en las estelas de Quiriguá.

Ya dejando las ruinas, entre infinitos bananales, seguimos con la brújula orientada al norte. Poco a poco la selva se fue espesando, y las pequeñas lomadas se empequeñecieron hasta convertirse en una eterna carpeta. En el llano, los kilómetros quedan atrás a gran velocidad y avanzamos a buen ritmo hacia las famosas ruinas de Tikal, en el norte Guatemalteco.

Una parada técnica en el camino para telefonear a Jose, nuestro arqueólogo de cabecera. Con las indicaciones y consejos pertinentes, humeando cada vez más, hicimos los últimos kilómetros que nos separaban de las ruinas.
Faca penetra por un ancho camino en la selva del Petén, para descubrir los majestuosos edificios, construidos cientos de años atrás.
"Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera."

La Peque como siempre, con hambre es capaz de buscar los bocadillos más impensados.

En tikal, la grandeza y poder maya, adquiere otro significado. Ya no son aquí, las esmeradas columnas, los altares y jeroglíficos lo que revela el inmenso ego de los líderes mesoamericanos. En cambio, el tamaño monumental de las edificaciones de la ciudad, la convierten en la gran tierra de los reyes. Dos de sus templos son los más altos de la América prehispánica, alcanzando el templo IV (si mal no recuerdo) los 72 metros. Aquí se encontraba el poder. Desde aquí se sometía al resto de las ciudades vecinas, acopiando el esfuerzo de sus brazos y los frutos de esos esfuerzos. No todos los caminos conducían, entonces a Tikal, pero si lo hacían los más importantes.

Faca sentado en las escalinatas del templo V, da una idea del tamaño de esta construcción.
Y mientras deambulábamos por los senderos, entre templo y templo, vimos dos siluetas familiares, y escuchamos voces igualmente conocidas. Se trataba de los "estacionarios" Juancho y Aymi, que habían llegado al sitio el mismo día que nosotros, pero una hora más tarde.

Los viajeros sean unidos. Los fantastic four, una vez más juntos, posan frente a la pirámide del Gran Jaguar, en la plaza principal de la ciudad.

Dolores, dolores... que va a decir tu madre....
Tras haber nadado en un río atestado de cocos en Costa Rica, nos sentimos confiados en la presencia de estos simpáticos felinos. Los de menos de 4 metros no comen gente, al contrario, son una buena opción para llevar a la olla y hacer carteras.

Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña.
Antes de abandonar a Guatemala definitivamente, diremos que es un país que vale la pena ser visitado. A pesar de su tamaño, nos pasamos dos meses deambulando por sus montañas y selvas. Guate tiene de todo, para los amantes de la naturaleza mil destinos hermosos y con el plus de una fuerte presencia indígena. Volcanes, lagos, montañas, selva, ruinas, ríos ¿que no tiene este país? Conocimos muy buena gente en Guate, por lo que queremos agradecer a Jose y Gaby. Si no hubiese sido por ellos, no hubieramos girado tanto en el país. Y finalmente a la hermosa gente de Cobán, a todos, Karla, el clan Archilae, Victor y Roxana, a todos mil gracias por regalarnos la posibilidad de conocer su bellísima tierra. Y a los lectores que tienen la posibilidad de viajar, tomen nota: Guatemala.
Aquella noche, levantamos campamento en Tikal, con nuestra flamante casa (regalo del Indy guatemalteco), quedamos a salvo de los mosquitos y logramos conciliar un sueño profundo. A la mañana siguiente, con poco tiempo de ruta, estábamos entrando en Belice. Todo fue distinto de lo que esperábamos en el país caribeño. Prácticamente no conocíamos a nadie que hubiera transitado estas latitudes y la imagen mental que nos habíamos hecho, no pudo haber sido más errada. En guatemala, con la inestimable ayuda del cónsul argentino, conseguimos tanto Juancho y Aymi como nosotros, visas de cortesía para ahorrarnos los U$S 40 que cobran por ingresar al país. La embajada beliceña en Guate era un lujo y por el hecho de haber sido colonia inglesa, imaginamos un país de elite, con un turismo pudiente. En lugar de esto, nos encontramos con un país inundado, con poca agricultura y desarrollo a los lados del camino. En contadas horas nos encontrábamos ya en la Ciudad de Belice, sobre las costas del Mar Caribe. La ciudad metía miedo, muy abandonada, pobre y con gente que al menos en principio no demostraba mayor simpatía. Como era de esperarse, los cuatro viajeros fuimos a dar al cuartel de bomberos, donde conseguimos un lugar seguro para pasar la noche.

Rápidamente salimos a pie a recorrer la ciudad que no tiene prácticamente ningún atractivo. Lo que nos extrañó muchísimo fueron los precios de las cosas (en dólares beliceños), altísimos para un país con tanta pobreza. Nuestra idea original era quedarnos unos días, tal vez una semana, vendiendo bijouterie en la calle, pero rápidamente entendimos que estos planes no prometían demasiado. Quisimos comprar unos víveres en el supermercado y salimos espantados. Ya oscureciendo regresamos al cuartel de bomberos, bastante alertas mientras transitábamos las oscuras calles, donde los mulatos nos miraban pasar, sin acreditar nuestra presencia en su suelo.

Nuestra estadía en el país fue tan acotada como nuestro registro fotográfico. En el cuartel intenté interiorizarme de la historia y situación del país charlando con uno de los muchachos, pero la verdad, es que no entendía ni la mitad de las palabras que disparaba aquel hombre en un inglés caribeño indescifrable. Poco tardamos en decidir que la mañana siguiente saldríamos para México.

Suponemos que todos aquellos que nos hablaban de las bondades de Belice, se referían puntualmente, a sus islas y cayos, que quedan enmarcadas por el arrecife de coral viviente más extenso de todo el planeta. Aquel paraíso submarino, estaba a la más corta distancia, pero sin embargo, infinitamente lejano, debido a nuestra precaria economía de viajeros sudamericanos. Desgraciadamente, poco es lo que les podemos contar de este misterioso país del que poco se habla. Lo que no podemos ocultar, es que en nuestro caso (aunque pecando por nuestra escueta voluntad para interiorizarnos allí de las cosas), salimos medio espantados de aquellas tierras de afroamericanos angloparlantes.
Así fue que amanecimos y en contados minutos llegábamos a la frontera con el país azteca.

La entrada a México nos recibió con el inconfundible bocho.
Emprendimos nuestro viaje hacia la primera ciudad que veíamos en el mapa; Chetumal. Tras dar algunas vueltas, decidimos viajar hasta un pueblo cercano llamado Calderitas. Era domingo y pocas ganas teníamos de volver a pasar la noche en la ciudad. Nuestro paso por la bodega (supermercado), no pudo ser más feliz, los precios de México, nos invitaban a comer rico y baratísimo, asíque todos salimos de allí con grandes sonrisas (y lo más parecido a facturas que habíamos visto en mucho tiempo).
Ya en calderitas, poco nos importó buscar donde levantar campamento, en cambio el verde profundo del caribe mexicano nos atrajo como un poderoso imán, y así bajamos la temperatura que la ruta había impuesto a nuestras membranas.
Hicimos una estocada al recepcionista de un camping de lujo para pasar allí la noche, sin mayor éxito. Más tarde conseguimos un lugar en las orillas para quedarnos, pero, finalmente tras hablar con la policía local, decidimos seguir buscando. Algo nos llevó a emboscar nuevamente al recepcionista del camping (ya oscurecida la tarde), esta vez con mayor elocuencia y nuestro comodín infalible, el legendario Citroën de dos cilíndros. Esta vez, el hombre se aflojó y nos permitió pasar allí la noche, sin costo alguno.
Es interesante recordar aquellos primeros días de viaje cuando, incluso estando en nuestra propia patria, al caer la tarde nos inquietábamos y apresurábamos a buscar paradero. Ya como viajeros experimentados, tomamos todo el asunto con una tranquilidad que nunca hubiéramos imaginado y los resultados suelen ser siempre buenos.

Amanece en el paraíso, esta vez con mucha parsimonia comenzamos a acondicionarnos para el viaje, tras un prolongado desayuno. Estamos en la península de yucatán, y el mapa nos invita buscar playas de blancas arenas y cálidas aguas. Así lo hacemos y apenas pasado el mediodía, llegamos a Tulum.
Tulum es un pueblo no muy grande, con las que posiblemente, sean las más hermosas playas que jamás hayamos visitado. Un mar transparente y de un movimiento apenas insinuado y turquesa nos recibe en soledad. Es temporada baja y el paraíso nos pertenece casi de manera exclusiva.
Tras haber exprimido hasta la última gota de sol en la costa, terminamos en el cuartel que comparten la Cruz Roja, los bomberos y la policía a unos cuantos kilómetros de la playa. Si bien el lugar es enorme, los muchachos asediados por los mosquitos que no dan tregua, nos dicen que no hay sitio y no podemos armar allí la carpa. Parados delante de las naves, discutiendo los pasos a seguir, Juancho sentencia -quedémosnos acá tranquilos que en cinco minutos la solución va a presentarse sola-. No fueron cinco, fueron dos. Sergio Tapia (Quien curiosamente comparte nombre completo, con nuestro gran amigo de Lima, en cuya casa compartimos junto a su familia durante un mes) jefe de toda la policía de Tulum, llegó al destacamento y casi sin darnos tiempo de contarle nada, nos invitó a pedirle cualquier cosa que necesitemos. Finalmente fue ducha y corriente para cocinar, acordamos acampar en la playa que nos remarcó, era completamente segura, más fresca y con una población de mosquitos considerablemente menor.

Nuestro campamento en playa maya duró tres días. El lugar es increíblemente bello. Nos pasamos los días con el snorquel explorando los riquísimos arrecifes coralinos y descubriendo extrañas criaturas marinas, o tirados al sol, carbonizandonos poco a poco.
A escasa distancia de nuestro asentamiento, se encontraban las ruinas de Tulum. Si bien estas no son de gran embergadura o fino arte, su atractivo es su cercanía al mar.

Caminamos hasta donde se pudo, y entonces dijimos ¿y si nadamos hasta las ruinas? Con el agua a la cintura de a tramos y nadando por momentos recorrimos los 400 o 500 metros frente al acantilado hasta dar con la playa donde los turistas que habían entrado por las vías tradicionales, se bañaban felices. Nos mezclamos con la multitud, recuperamos el aliento y ya descansados intentamos la hazaña. A la vanguardia comencé a subir los escalones que conducen a las ruinas despreocupadamente, hasta que el sonido del silbato dio por tierra nuestra sencilla estratégia llamada "un cordero más", que pretendía mezclarnos con la muchedumbre para así obtener el acceso al sitio. Lo más divertido vino a continuación, cuando el guarda me pide el ticket, a lo que le respondo con toda naturalidad - Ticket no tengo, yo vine nadando-. Como comprenderán la incursión terminó con nuestro regreso a nado hasta territorios más seguros.

Y así se fueron los tres días, entre cocos, buceo y fulbito playero. Todas las tardes íbamos a ducharnos y cocinar al destacamento y por la noche armábamos la carpa a orillas del mar.

El único desafío era ir al baño, para lo cual debíamos entrar un poco en la selva perdiéndonos de vista, y quedando totalmente a merced de las hordas de mosquitos hambrientos que nos picaban a razón de 15 a 20 picaduras por minuto.

El Citro arenero por las playas de Tulum, seguido por su fiel amiga Estan.
Emprendimos viaje en caravana hacia Playa del Carmen, pero por un momento, nos perdimos y llegamos separados cada quién en su nave a la ciudad. Esa misma noche, nos reencontrabamos con los chicos en..... el cuartel de bomberos.
En Playa, las dos primeras noches las pasamos en el cuartel, debíamos buscar otro sitio para quedarnos, ya que como en Belice no hubo caso con las ventas, pretendíamos probar suerte aquí durante varios días. La solución cayó del cielo solita.
Una noche vendiendo postales conocimos a Aurea, una mexicana del DF, que vive aquí y nos invitó generosamenta a su casa en las afueras de la ciudad. Esta sería la primera de más de 12 mudanzas en Playa...

De izquierda a derecha, Aurea, Dr Faca y Paulina. Nos quedamos dos días en lo de Aurea, donde teníamos un cuartito y una cómoda cama, tras varios días de camping.
Pero por si la comodidad y compañía adquiridas no fueran suficientes, los dioses nos mandaron otro regalo.
Prohibido "V"ajar Cocos, o si lo querés in english "Prohibit coco not" Buenísimo.

Y así nomás, de la nada, a Loli se le ocurrió que quería hacerse rastas, poniendo a Aymi y Juancho a trabajar durante tres días.
Aymi se pone la camiseta de Bob para inspirarse.
Bueno volviendo a los regalos de los dioses; cuando abrimos nuestro correo, nos encontramos que un sueco llamado Helgue Struesson, se topó con el citro estacionado en la calle, anotó la dirección del blog, entró y tomó nuestros datos, mandándonos a continuación un mail. Helgue nos invitaba a su hotel Playa Palms, a pasar el tiempo que necesitaramos sin cargo. Imaginen nuestra emoción. Fuimos en busca del generoso sueco y de la nada teníamos un departamento con dos habitaciones, cocina, baño, todas las comodidades y picina incluída para disfrutar durante una semana. Como había lugar de sobra, le preguntamos si podíamos invitar a Aymi y Juancho a lo que accedió feliz. La alegría de los chicos cuando vieron el lugar (ellos llevaban ya cuatro días en el cuartel de bomberos).... ¡¡¡una semana a puro glamour!!!!

Y hablando de glamour; Yah Rasta.
Aquella semana nos dedicamos a vender postales, ya que como Playa es muy turístico, en la calle no permiten la venta de artesanías. Así de bar en bar (trabajando) y restaurant en restaurant (idem paréntesis anterior), nos preparabamos para recibir una súper visita, tras esa semana, llegaban Mirtman (progenitora de Dr Faca) y Guada (sister de su servidor), de visita a Cancún durante seis días.

Durante esa primera semana en Playa, Marta nos invitó a participar de su programa radial "Te cuento un cuento". Esta fue la primera y única entrevista que nos hicieron destinada a un público infantil. Supuestamente eramos duendes de la Patagonia y nos dirigíamos a Alaska a una convención de duendes a efectuarse en el 2010. Muy divertido.

Veníamos circulando con la nave una tarde cuando Miriam, se nos acercó en un semáforo y nos dijo - Mi esposo es argentino, es fotógrafo, dice que le gustaría sacarles unas fotos con el auto-. En fin, después apareció el mismo; Victor. Charlamos un rato, nos dio su tarjeta y esa noche volvíamos a encontrarnos saliendo de la bodega, a donde acudimos para proveernos de insumos y festejar la primera noche de hotel con cerveza y rica comida. Victor y Miriam se sumaron al festejo, poco a poco, se convertirian en grandes amigos y protagonistas de nuestro pasaje por estas latitudes de México.

Más joda con buenos amigos. Se agregan a nuestras filas ahora Noti, Francisco y Andrés. Noti y Fransisco, vinieron hasta méxico manejando una combi Volkwagen desde Argentina. Ya los habíamos conocido en León (Nicaragua) y nos reencotrábamos en Playa. Siga el baile, siga el baile.
Aquella fue una semana increible, pero la que vendría los sería aún más.
A todo esto, el Citro comenzaba a andar cada vez peor y el humo que dejábamos al andar era ya más denso que las cenizas del mismísimo Arenal. Al parar en los semáforos, todo el mundo se quedaba viéndonos, como diciendo ¿como puede largar tanto humo esa cucaracha? Aquellos comprometidos con el medio ambiente nos miraban con ansias de estrangulamiento, y hasta un policía nos instó a que mandemos el auto a "afinar". Por eso, no iba a ser posible movernos con Guada y Mirtman en la nave. La descepción era absoluta, pero las chicas llegaban con varios repuestos traidos de Argentina, por lo que el plan fue dejar la nave parada (en el garage de el hotel El Taj, cedido generosamente por su dueño a la causa citronera), y comenzar el trabajo de resucitación del bólido, una vez acabada la visita.

Mirtman y Guada hacen pie en el aeropuerto internacional de Cancún. Nosotros como buenos paisanos que somos (nunca tomamos un avión en nuestras vidas), confundimos la información que Guada nos envió por mail y llegamos a buscarlas con cinco horas de anticipación.

El festejo del cumpleaños de la Pendex (quien no la recuerde, vea las publicaciones de Costa Rica, donde la recibimos con honores visitando juntos Puerto Viejo y zonas aledañas), no se hizo esperar. Las chicas tenían reserva en un hotel "de marca" de Cancún donde sigilosamente, nos acomodamos los cuatro de zopetón, durante las seis noches.
El primer día Mirta casi se muere. Era el cumple de Guada y quisimos llegar hasta Playa del Carmen en un autito alquilado (no nos juzguen por esto). Bajamos a la playa y a la hora, la doña ya no tenía fuerzas ni para respirar. En fin, nunca supimos bien si jue que se insoló, el viaje le pegó duro, o que, pero tuvimos que emprender una retirada estratégica a las lujosas dependencias en Cancún. Lo que si es seguro, es que para la noche estaba totalmente repuesta, si no nos creen, véanlo con sus propios ojos.

Saquen sus propias conclusiones (y por supuesto, quien lo crea necesario, es libre de expresarse en la sección -comentarios-).

Listos para unirnos a las tropas de Pancho Villa. Ándale, ándale, ándale (sonido de tiros + sapucay).
La visita de Mami y Guada fue impagable. No podríamos haber recibido un regalo más lindo. La verdad es que tras casi dos años de viaje, necesitabamos un poco de familia. Todo el cansancio, toda la extrañitis, los problemas de la nave, todo se desvaneció apenas aparecieron las chicas. Aquellos días fueron mágicos, claro que a Mami casi la mátamos con nuestro ritmo y aventuras, pero en el aire se respiraba solo felicidad. Los cuatro amuchados en la habitación del hotel, haciendonos cómplices en nuestro pequeño "delito", compartiendo este viaje que para nosotros es tan importante, y en un paraíso como lo es Yucatán, mejor imposible. ¡¡¡¡WHY NOT!!!!

¿Y por que no? Recuerden que los kayácccsss están a su disposición en la playa.
Tuvimos que alternar los paseos a lo americaencitro con días de descanso en la piscina del hotel. Solo así logramos devolver vivita y coleando a Mirtman, a los brazos de Beto en nuestra querida pámpa húmeda.

De la vida tranquila del hogar y los cines marplatenses, a bucear en una cueva, entre murciélagos y luego en pleno mar abierto en un arrecife de coral. Mirtman demostró su temple y pasó la prueba.

Dr Faca y sus chicas en Tulum.
Y a la hora del escavio, no le costó conseguir cómplices a Loli. Pruebe una muestra gratis decía el letrero, no las pudimos separar de la mesa hasta que abandonamos el recinto.

Ellos.
Seis días más tarde, abandonábamos a las chicas en Cancún, para volver a nuestra vida nómade (aunque durante este último mes no lo sería tanto). La despedida, fue muchísimo más dura que aquella del 27 de diciembre del 2007, costó y mucho, pero lo que nos han alegrado el corazón estas dos pebetas no tiene nombre. Por eso sobre todo a Guada (gestora del asunto) un millón de gracias. Mamucha, sin palabras.
Y habiendo pasado por ruinas en Guatemala, la tenebrosa Belice City, playas paradisíacas y demás eventos celestiales, los dejamos con una simple historia de tortugas.
Capítulo II: Una simple historia de Tortugas.


Eran las dos de la tarde. Herbert, Morris, Hilda, Luc, Marcela, Maca, Anibal, El gordo Ale, Betsy y Frida venían bajando de una mano. Todo estaba bien.

Pero de repente, y sin anuncio pervio, se toparon con los malvados. Los malvados eran tres y eran muy malos. Herbert, Morris, Hilda, Luc, Marcela, Maca, Anibal, El gordo Ale, Betsy y Frida que hasta hacía un segundo venían bajando de una mano, no supieron bien que hacer y se quedaron mirando.
Los malvados que eran tres, y eran muy malos, les dijeron de todo, todas cosas feas y se rieron mucho de las tortugas. El líder malvado que era el pez, fue el que dijo las cosas más feas, pero por suerte no pasó nada, a las tortugas no les pasó nada y el cuento terminó feliz.
Fin.
¡¡¡Arrivederci e buonafortuna!!!

miércoles 11 de noviembre de 2009

La siesta de Gregorio Mendel

Nuestro regreso no planeado a Ciudad de Guatemala, tuvo que ver con la confirmación de Citroën para realizar una rueda de prensa y mantenimiento a los frenos de la nave. Así, cuando lo lógico era subir de Cobán al Petén, volvimos a la Capital a través del nuboso, elevado y húmedo territorio sagrado del quetzal, y el caliente bosque espinoso guatemalteco. Ya en la ciudad, se complicó un tanto conseguir un techo. Los bomberos no fueron nuestra salvación esta vez. Nos encontrábamos dando vueltas sin saber muy bien a donde, cuando al otro lado de una avenida, alguien agita sus brazos y nos llama. Resultó ser Pablo Palmieri, periodista y fotógrafo de su propio diario "Diario Viejo". Su proyecto curiosamente publica noticias sucedidas, a veces, una veitena o trintena de años atrás. En fin, finalmente terminó haciéndonos una nota. Entonces aprovechamos para pedirle que nos ayude a solucionar nuestro problema de hospedaje, diez minutos más tarde, teníamos una noche de regalo en un hotelito pintoresco perfectamente ubicado, cerca de nuestra cita del día siguiente en la concesionaria Citroën.
Aquella mañana, nos preparámos para asistir a nuestra cita y tras agregar algo de aceite a la nave, Faca se olvidó de cerrar la tapa. A los dos kilómetros, el humo que salía por debajo del capot, nos obligó a parar y nos encontramos con todo el motor empapado de aceite. Mientras limpiábamos todo con papel higiénico, un periodista que iba en camino hacia la misma entrevista que nosotros, se detuvo y terminó indicandonos el camino a Citroën.
Una vez en el lugar, fuimos recibidos amablemente por David Melgar, el gerente de la marca en Guatemala y poco a poco fueron llegando los periodistas de TV y diferentes revistas de automotores. Tras la pequeña rueda de prensa, donde el Citro fue el gran protagonista, nos arremangamos y empezamos a trabajar con la nave.
Lo de los frenos fue un juego de niños, hicimos cambiar las cintas y regulamos todo al pelo. Cuando todo parecía terminado, comenzó una extensa seguidilla de problemas mecánicos que no iba a tener fin..... hasta.... ¡México! Nunca sabremos exactamente si el incidente del aceite fue el detonane o no, pero al poner a andar el motor, un espeso humo blanco brotaba del escape, y sobre todo, de la respiración del tubo de bajada del aceite. Tras las consultas pertinentes al apoyo técnico de americaencitro en Argentina (Alfredo - Beto - Guillermo), llegamos a la conclusión de que teníamos un aro roto.
Quedábamos obligados a permanecer en la ciudad hasta solucionar el problema. David, generosamente nos ofreció el comedor de la empresa para poner nuestro ya histórico y multiparchado colchón inflable cada noche. En el lugar además teníamos agua potable, mesada para nuestra cocinilla eléctrica (adquirida por 3 dólares en Antigua), y la inmejorable compañía del sereno, Francisco. El taller, las herramientas y un elevador fueron puestos a nuestra plena disposición. Como teníamos un juego de aros (usado, pero en buen estado), Faca se tiró a hacer el trabajo solo.

Un día para desarmar y limpiar, y otro y medio, para armar todo prolijito y poner la nave en marcha nuevamente. Malas noticias, encender el motor, el humo se extendía como una infinita cortina blanca ante nuestros ojos una vez más. ¿Que puede estar funcionando mal? Los aros no pueden ser, estában usados pero al sacarlos en aquel eterno trabajo en Bucaramanga, el auto no hechaba ni una gota de humo. No puede ser, algo más tiene que haber, pero todos coinciden en que el problema son los aros y vamos por un segundo intento.

Entre un arreglo y otro, nos hicimos una escapada para conocer a la gente del Club de autos Clásicos Británico de Guatemala. La nave tuvo buena compañía y nosotros hicimos grandes amigos, que más tarde nos darían una mano para solucionar nuestros problemas. Eric, Jean Louis y Paco, serían nuestros ángeles protectores durante el resto de nuestra estadía en la ciudad.
Jean Louis (francés criado en Argentina y con un acento más criollo que el nuestro), nos hospedó en su casa hasta que dejamos la ciudad. Además nos dio una mano en el taller de otro francés, Eric (restaurador de autos clásicos y coleccionista de toda clssase de bártulos de antaño), que de aquí en más también nos brindaría su ayuda reparando la nave. Finalmente Paco (español), que posee un Citroen 2CV francés, nos donó un juego de aros nuevos de Fiat, que sabía, le andaban al pelo a los pistones del noble corcel.
Otra vez a desarmar, pero ahora, bajo la supervisión de tres expertos en autos clásicos. Como solo no tuve éxito, decidimos contratar a Paulino, el mecánico oficial de la casa para no volver a errar en nada.
Por aquellos días nos reencontramos también con Aymi y Juancho, los locos bahienses que viajan hasta Alaska en una Estanciera de la misma edad de la nave. Aymi escribió un libro sobre su viaje y ahora están esperando que les lleguen los ejemplares impresos desde El Salvador.
La última vez que nos habíamos visto fue en Costa Rica y tenemos muchas cosas para charlar, excelente excusa para comer canelones de verdura de la mano de Aymi y Loli.

Bon apetit. Los cuatro fantásticos nos volvimos a separar, pero pronto llegaría el nuevos reencuentro. Al norte, justo antes de abandonar Guatemala en las ruinas de Tikal.
Pasado el fin de semana, volvimos a poner manos a la obra. Aprovechando los talentos de Eric como restaurador, mientras trabajábamos el motor, la nave recibió algunos recauchutajes extra que nunca están de más. Arreglamos algunas roscas comidas, una de las ópticas y lo más importante, el burro de arranque, que venía fallando desde Nicaragua.

Metidos bien hasta las manos en nuestro viaje, a veces cuando las cosas se ponen difíciles (y así se iban a poner en adelante), comenzamos a sentir el desgaste del que no se detiene nunca. Sin embargo, entendemos que de nada serviría todo esto, sin obstáculos. El primer año de viaje, los dioses soplaron solo vientos favorables y ciertamente nosostros supimos aprovecharlos. Ahora, si lo analizamos objetivamente, los dioses siguen soplando a nuestro favor, pero somos nosotros los que ya no logramos verlo con claridad. Nuestros problemas se resumen a las averías de la nave, pero no hemos pasado anguistias de otro tipo. Nunca nos faltó que comer, siempre conseguimos acurrucarnos en algún lugar para pasar las noches, y siendo nuestra amada latinoamérica una tierra tan "pobre" y violenta, practicamente nunca nos encontramos de frente con el peligro. Averías en el auto ¿son esos problemas? Pues al menos no son problemas graves, solo que nosotros dependemos tanto de nuestro Citro, que la confianza que sentimos al andar, es directamente proporcional al funcionamiento de la nave.
Este viaje que hemos emprendido es una maravilla. La mayor parte del tiempo las cosas no podrían salir de mejor manera, y no hacemos más que disfrutar. Y cuando las cosas se ponen difíciles, se aprende. Se aprende tanto, se conoce tanto y se hacen tantos amigos que cuesta creer si lo que vivimos es real. Cuestionarnos, aún esto, aún este regalo que por algún motivo estamos recibiendo, es nuestra naturaleza. Pero en este último tiempo, me he dado cuenta de que no podemos cometer el error de perder la perspectiva de las cosas. Me proyecto al pasado, y vuelvo a concentrarme en los motivos que nos animaron a emprender este largo camino. Vuelvo a hacerme mil preguntas en ese instante que precede al sueño y una sonrisa invade mi rostro. Camino correcto no hay ninguno, como tampoco los hay incorrectos. Los caminos no son más que una linea a transitar, lo que a nosotros nos sucede en ese tránsito, en ese ser o devenir, eso es lo que realmente importa. Miro a la Peque y me maravillo de lo que ha alcanzado, de lo que ha crecido y de la naturalidad con la que se abre camino al andar. Miro para adentro y no puedo menos que maravillarme una vez más. Miro atrás, y lo mismo. Miro a un lado, o adelante y veo oportunidades, veo una magia difícil de alcanzar y que sin embargo nos transforma con cada segundo que pasa.
No es poca cosa la felicidad, ni es poca cosa el amor.

Eric se toma la cosa en serio. Además nos invitó a almorzar con su hermosa familia. Cada vez que las cosas se ponen peludas, aparecen estos protectores del camino, que nos mantienen de pié.

El pistón de la discordia. Algo increíble sucedió con este pedazo de metal moldeado. Mientras todos concentrábamos nuestras energías y atención en los aros, cambiándolos una y otra vez, él
se las arreglaba para pasar desapercibido. Hoy con el problema resuelto y preparando esta publicación del blog, vemos algo increible. Este pistón pasó por mis manos y las manos de tres mecánicos expertos y nadio vió lo evidente, lo que se alcanza a ver aún en esta fotografía. Sacando la carcomida (vieja y originada en algún momento lejano de la vida de la nave), hay una grieta, una quebradura del pistón que parece imposible haber psasdo por alto. Miren justo al medio en el corazón de la cabeza, a un lado del brillo de la luz. Una linea, una sutura baja y atraviesa toda su existencia. ¿Como puede ser que no lo hayamos visto entonces?

Faca comprueba la luz del aro dentro de la camisa. Los aros nuevos de Fiat, que Paco nos regaló, quedaron con anillo al dedo. No vimos aquel pistón partido y procedimos a asentar válvulas, cambiar retenes y armamos todo con aquellos aros nuevos.

Felices posamos frente a la nave. Jean Louis, Eric y los de Fuego, todos creemos que el trabajo está terminado, pero esto recién empieza.
Nos despedimos de nuestros grande amigos y finalmente abandonamos la ciudad para no volver a regresar. Nuestro destino inmediato esta en Honduras, en las famosas ruinas de Copán, a apenas 10 kilómetros de la frontera con Guatemala.
En rojo marcamos nuestro recorrido en Guatemala. Dos meses deambulando con la nave de aquí para allá. Después nos preguntan ¿por que viajan tan lento? Conocer realmente los paises, lidiar con las averías del Citro y generar el dinero a la vez que andamos. Todo esto, sumado a que no tenemos prisa y nuestro promedio de velocidad no supera los 45 km/h (casi todo el viaje es sobre las montañas, trepando en primera o segunda a 1o y 30 km/h), da por resultado, nuestro ritmo absurdamente pausado.

Dormimos en el pueblo El Florido, del lado guatemalteco. Conseguimos un lugarcito para la nave y armamos nuestra flamante carpa que es un verdadero lujo. La frontera de Honduras, como bien sabrán estaba un poco complicada, con toque de queda de seis a seis, mil camiones retenidos sin poder circular y una sensación de total incertidumbre se respiraba en el ambiente. Lo bueno es que como el pueblo y el paso son muy tranquilos, no había posibilidad de desmadres. Mientras Zelaya y el resto del país resolvían sus asuntos, nosotros pasamos una vez más a Honduras para conocer una de las ciudades mayas más espectaculares que hayamos visto.
La nave se quedó en Guate, no se sella salida del país, ni entrada a Honduras. Solo nos dieron un papelito y pagamos si mal no recuerdo dos dólares cada uno para hacer la movida. Tomamos una pequeña combi y apenas una hora más tarde estábamos en las ruinas.

Lo que destaca a Copán del resto de las ciudades mayas que hemos conocido, es el sofisticadísimo arte que producían sus gentes. El detalle, la belleza y la técnica que se ven en las esculturas, estelas, jeroglíficos y altares de Copán, no compiten con el de el resto de las ciudades. Este arte se eleva por encima de todo lo que hemos visto, y de todo lo que nos quedaba aún por ver. Como bien nos dijo Jose, nuestro arqueólogo de cabecera: Si Tikal es la Nueva York del mundo Maya, Copán es París.
La sensación que genera estar de frente a las estelas que el gobernante Dieciocho Conejo hizo construir, para perpetuarse eternamente, es de absoluta admiración. Más allá de la belleza del trabajo, nos impacta comprender lo poderosos que se sentían estos líderes. Al ver su postura, los adornos, el gran esfuerzo por engrandecer su tamaño y su magnificencia, entendemos el concepto que tenían ellos de sí mismos. Creían ser no mucho menos que dioses, con todas las letras. Se elevaban por encima de la existencia de todo lo demás y mandaban. Era necesario que el pueblo se admirara y creyera en su condición divina, solo así podía ser gobernada semejante cantidad de gente.

Los jeroglíficos en el resto de las caras de las estelas, narran hechos históricos sucedidos durante el gobierno de Dieciocho Conejo y tiempos pasados. La escritura evolucionada, su sistema numérico (el primero en incluir el concepto del 0) y su preciso calendario, prueban el altísimo nivel cultural que alcanzó esta civilización mesoamericana, antes de desvanecerse vencida por sus propios errores.

Muro restaurado por Helmut Koin, el famoso arqueólogo alemán disléxico.

En su esplendor la ciudad albergó a más de 20.000 almas. Los motivos de la caída de esta civilización obviamente siguen siendo discutidos. Los investigadores dicen que los mayas nos tenían un manejo sustentable de los recursos naturales de los que se nutrían. Devastando los bosques que rodeaban las ciudades, no fueron capaces de sostener sus monumentales obras y su sistema de organización social. Todo aquel poderío terminó por colapsar, aplastado por el rigor de la naturaleza que se cobró justa venganza. Interminables sequías y campañas agrícolas nefastas acabaron con el poder de los goberantes que tuvieron que resignarse a ver como sus súbditos perdían sus pasos entre la selva, alejándose de las ciudades, con rumbo a tierras lejanas.

Piensa luego existe.

La Escalinata Jeroglífica cuenta con más de 1.250 bloques de inscripción. Representa una narrativa histórica que resalta los logros de los antepasados de Humo Caracol, decimo quinto Gobernante de Copán.

En la foto se ve uno de los lados de la cancha de pelota. Los mayas concebían al juego de pelota como un ritual. El juego de pelota representa los orígenes del universo y pretende reactivar los mitos de la creación del maíz y otros fenómenos astronómicos. Éste es un rito de iniciación, muerte y renacimiento que legitima la acción militar y el poder político. La lucha (de jugadores, astros o la pelota) puede representar el encuentro entre los gemelos (del Popol Vuh) y los dioses del inframundo. Este juego tuvo diversas variantes según la época y el lugar, por general se utilizaba una pelota hecha de caucho que se golpeaba con la cintura, las rodillas, los hombros y los codos.

Uno de los altares más importantes y hermosos del mundo maya es el Altar Q, de piedra esculpida que representa a los 16 gobernantes de Copán, mandado erigir por Yax Pac en el siglo VI.
Y el payaso de siempre.

Tras la visita, retornamos a el Florido en Guatemala, pasamos la noche en el mismo sitio y a la mañana temprano, emprendimos viaje al norte hasta las ruinas de Quiriguá.
De aquí en más, vayan acostumbrandose a ver piedras, porque quedan aún bastantes por visitar. Quirigúa, Tikal y de allí, a Belice para finalmente entrar en México e ir quedando al día con nuestros relatos.




Y hasta aquí llega el relato de hoy. Quejas y sugerencias a nuestra casilla de correos americaencitro@gmail.com o en este mismo blog. Hoy no les brindamos ninguna frase de Alberto, pero eso no significa que los vamos a dejar con las manos vacías. Justifiquemos el hecho de que hayan perdido tanto tiempo leyendo nuestras paparruchadas, con una frase del más grande de la filosofía griega: "El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo".

¿Adivinan de quien es la frase? Un poco de ayuda, ahí les va su retrato.

¡¡¡Arrivederci e buonafortuna!!!

domingo 8 de noviembre de 2009

#6; Guatemala (no fue el boxbol, fueron las titas).

La falta de atracción gravitatoria de Panajachel, nos catapultó a la ruta antes de lo pensado. Tras aquella noche en la estación de servicio en la ruta, seguimos viaje a través de las interminables montañas de Guatemala, internándonos poco a poco en el Triángulo Ixil. Esta zona está definitivamente fuera del circuito turístico, aquí nos encontramos con sangre aborigen, otro idioma y costumbres que datan de hace mucho años atrás. La nave se esfuerza en las pendientes que nunca se terminan y tras dos días de viaje, llegamos a nuestro destino (no sin sufrir por nuestro pequeño motor de dos cilindros). Así llegamos a Chajul, un pequeño pueblo de montaña, entramos eligiendo las calles con pendientes menos empinadas para alcanzar la plaza principal. Como siempre, lo primero que hicimos fue acudir al cuartel de bomberos, sin suerte esta vez. De allí a la policía, el convento y la asociación chajulense, nos paseamos por todo el pueblo y nada. Si hay algo que no puede negarse es que los pueblos aborígenes no tienen la hospitalidad a la que estamos acostumbrados, casi siempre es igual. Simplemente no son así y tampoco generamos mayor simpatía al abrirnos paso por las calles colmadas de gente. Si generamos curiosidad y no hay una persona que no se de vuelta al vernos andar. Las calles están sucias, los plásticos y residuos de la modernidad, vuelven a resultar no compatibles con estas culturas (bueno, en realidad nosotros tampoco somos eruditos en el manejo de sofisticada basura que generamos). El cielo gris, cada tanto descarga una tímida llovizna y nos sentimos un poco fuera de lugar, recién entrando en calor. Según habíamos oído, esta fue una zona caliente en épocas de guerra civil guatemalteca. Los campesinos, cansados de la injusticia, el trabajo esclavo y la falta de representatividad, se alzaron contra los terratenientes y por ende contra el poder. Rápidamente se los rotuló: Guerrilleros. Así de fácil se los puso del lado de los salvajes, los ingobernables, intratables, insurrectos, violentos, asesinos, etc, etc... Así de fácil también el mundo los tildó de malos, cuando en realidad solo es gente que quiere vivir tranquila, cultivando su tierra y respetando sus costumbres.
Es interesante encontrarse en estos países con sitios a donde la ley globalizadora, no ha podido doblegar a las culturas y a las gentes del lugar. Un poco se explicará por lo inaccesible del sitio, otro tanto por el carácter de esta gente (influenciado también por esa misma inaccesibilidad). Los descendientes de las culturas mayas no se dejan gobernar, en sus pueblos los que gobiernan son ellos, y según sus propias leyes. Al ladrón, asesino o violador, lo linchan en donde lo agarren, lo atan y lo prenden fuego. Así de sencillo. Ya se, no digan nada, muchos los señalarán como salvajes, como animales desalmados, pero si vemos un poquito más detenidamente el asunto, todos hacemos lo mismo, solo que para ellos la justicia es equitativa y paga el que merece pagar (es un acto espontáneo del pueblo). Nuestros políticos dejan que la gente se muera de hambre, o sin atención sanitaria y los aplaudimos mientras nos mienten descaradamente con los bolsillos llenos. Dejan que nos matemos entre todos, que la delincuencia siga aumentando, que las mentes se vuelvan yermas y nos devoremos anárquicamente. Todo desde el atrio, todo sin mancharse las manos con esa sangre que tanto nos repugna ver. Y nosotros, lo aceptamos mientras no nos toque de cerca, mientras se mantenga prudentemente lejos, unos cuantos metros son suficientes. Pura hipocresía. No defiendo a quienes quitan la vida ajena, a ninguno de ellos, que no se malentienda lo que pretendo expresar. Lo que si quiero decir, es que antes de levantar juicio, señores, miremos un poco para adentro. ¿Animales? ¿Bárbaros? Nada de eso, al menos no más que ninguno de los que aceptamos vivir como lo venimos haciendo, hablando mierda y generando tan poco para mejorar la cosa.
Nosotros llegábamos a ver, a tener una pequeña visión de un mundo tan ajeno al nuestro, y a la vez tan humano.

La tarde entera se nos fue buscando donde parar, y finalmente tuvimos que hospedarnos en un hotel familiar. Un humilde cuarto, con camas de elásticos vencidos y sábanas gobernadas por las pulgas, una ducha fría y un patio donde guardar la nave. Justo lo que veníamos a buscar. Las calles empinadísimas y estrechísimas nos obligaron a hacer mil maniobras para guardar al Citro en su lugar. Lo bueno, poquito a poco, nos fuimos acercando a la familia dueña del hotel, que nos permitió ingresar a su cocina para preparar nuestra comida.
Aquí no hay dudas, las que mandan son las mujeres, que además se llevan la parte más dura del trabajo. El fuego no se apaga en todo el día, la olla con el maíz hierve eternamente sobre las llamas que dibujan volutas caprichosas en el aire. La conversación en Ixil es tan inalcanzable para nosotros, como los secretos que nos están prohibidos por el hecho de venir de afuera. Alguien nos dice que las tres piedras que sostienen la olla, son mucho más que eso, hablan de una cosmovisión, hablan de espiritualidad y de un pasado rico en historias y costumbres, pero aún preguntando, aquí nadie dice nada. El ambiente es oscuro y el humo ha teñido las paredes, nos convidan tortillas recién salidas del fuego, matamos el hambre y extenuados nos vamos a dormir.

Los pollos deambulan por las calles, comiendo lo que encuentran. Para identificarlos, sus dueños los tiñen de colores. El pollito punk fosforescente no es un pollito rebelde que busca llamar la atención, todo lo contrario, es un pollo doméstico común de firmes bases familiares y un fuerte sentido de la estética aviar.

A la mañana siguiente, salimos a las calles. Las mujeres van de aquí para allá con un pote de maíz hervido sobre la cabeza y muchas veces también una guaguita (bebé) colgando de la espalda. En el molino cambian el grano por masa y vuelven a las casas listas para tortear. El maíz o elote, es la base alimentaria de estas comunidades, no existe comida que no se acompañe con tortillas. Es llamativo también lo colorido de sus prendas, sobre todo porque no se relaciona muy bien con el carácter de la gente. Más allá de todo juicio, es hermosísimo ver los diseños y el trabajo de las mujeres, hecho con telar de cintura bajo los aleros de las casas castigadas por el inexorable paso del tiempo. Los chicos nos gritan algo al pasar, se burlan de nosotros y nos persiguen. El pueblo no descansa, desde temprano el mercado es uno de los puntos de encuentro y la actividad en las calles no cesa ni aún a la hora de la siesta, que no parece ser una costumbre por estas tierras de altas montañas.

Ya en la plaza, los chicos comienzan a ganar confianza y juegan a nuestro alrededor. No podemos dejar pasar la oportunidad para divertirnos un poco nosotros también.

Faca repite los únicos cuatro trucos de magia que conoce una y otra vez, durante media hora ante una multitud de niños que miran sin comprender de donde salió este extraño tipo. Como siempre la cosa terminó descontrolada, con los chicos encima del mago que con un par de gritos serenó los ánimos, para así evitar conflictos. Los padres son muy celosos de sus hijos en estos pueblos, y un manotazo mal dado o un chico llorando pueden ser un problema serio siendo nosotros "gringuillos".


Los días pasan y nos sentimos cada vez más habituados al lugar, y a la gente. Nuestra familia (increíblemente no nos dimos cuenta de tomarnos una foto juntos), nos ha abierto las puertas de su casa y compartimos las comidas. Loli intenta tortear y las mujeres se matan de risa viendo como las tortillas se le desarman en las manos. Parece que es imposible para nosotros gastar en hospedaje, ahora que pagábamos la habitación, las mujeres nos compraron bijoux y terminamos ganando plata durante nuestros cuatro o cinco días de estancia en Chajul.

Decidimos internarnos más aún en la montaña y visitar un pueblo más pequeño, Santa Avelina. Allí a través de la asociación chajulense nos pusimos en conacto con Antonio, un productor de café que nos esperó en la plaza principal y nos llevó a visitar su finca y la finca de un amigo. El clima es ideal para la producción, fresco y húmedo, caminamos por las callecitas embarradas mientras cargamos nuestras pesadas mochilas. Las piernas no responden y empiezo a sentirme mal, apenas puedo mantener la atención en los comentarios que Antonio hace. Aún así puedo darme cuenta de que está convencido que somos inspectores o algo semejante. El hecho de que yo sea ingeniero agrónomo lo confunde aún más y se esfuerza por demostrarnos lo bien que trabaja su finca. Todo orgánico, todo en ley.


La esposa de Antonio, usa su mortero de piedra para preparar el ají, tal como se acostumbra allí desde hace cientos de años.

Al bajar a su casa, su esposa nos espera con boxbol; una típica comida de hojas de zapallo hervidas, envolviendo una masa blanda de maíz, con las pencas del zapallo y ají picante. Comemos y comemos toneladas de boxbol, cada vez me siento peor, pero no quiero ser descortés rechazando el alimento que nos han preparado. Café de la casa y a caminar nuevamente. Nosotros pensábamos quedarnos uno o dos días en el pueblo, por eso viajamos con carpa, bolsas de dormir y otro tanto de cosas que ahora debemos cargar por la montaña para llegar a los cafetales. Cada vez me siento peor y cuando termina la visita y paramos una camioneta en el camino, me siento aliviado. Esta vez si recibimos la hospitalidad, compartimos un poco de todo esto que no deja de tener un sabor tan distinto, un sabor de autenticidad, de simpleza y humildad como aquel que nos dejó la selva de Ecuador y la hermosa gente de Río Blanco, un tiempo atrás.

Antonio posa en sus cafetales, nunca entendió porque estábamos ahí, quienes éramos y que buscábamos. Nosotros nos cansamos de decirle que solo teníamos la curiosidad de conocer, pero al venir recomendados por la asociación chajulense (que nuclea y recibe el café de todos estos productores) él se sentía obligado a demostrar que sus trabajos estaban en regla.


Volviendo a Chajul, nos levantó en un cruce, un médico local que había estudiado en Cuba. Le contamos lo mal que me sentía y nos dijo que pasemos a verlo por la salita. Así lo hicimos pero el no estaba. Otro doctor me revisó y me dijo que la descompostura se me iba a pasar solita, solo me dio sales rehidratantes que de poco sirvieron. Esa noche fue un desastre. Casi no dormí y me la pasé en el baño. Sin fuerza alguna, a la mañana siguiente volvimos a la salita, y esta vez si, vieron que la cosa era seria. Estaba tan deshidratado que no me encontraban las venas para meterme suero, seis pinchazos hicieron falta, ya para el último habíamos acordado con el doctor que si no lo lograba, me dejara así. Finalmente pudo enchufarme la aguja en una vena y me metieron un litro y medio de suero. El resto del día, la Peque me cuidó y me la pasé en la cama. A veces pasa esto en los pueblos aborígenes, ya que no estamos acostumbrados y no tenemos las defensas que ellos tienen, contra los bicharracos que por allí pululan.

Al día siguiente antes de partir, le regalamos a la familia nuestra vieja carpa, ya que en Ciudad de Guatemala, Jóse nos hizo un súper regalazo y nos donó una nueva de lujo. Armamos la vieja carpa para enseñarle a la familia todo el procedimiento y quedaron encantados. Nos terminaron regalando las últimas dos noches y nos despedimos con invitaciones para volver cuando queramos. Se repite la historia, lo que al principio parece imposible, con el tiempo, respeto y buenas intenciones, se logra, y el premio es el más hermoso.

Con las fuerzas repuestas, volvemos a las carreteras. Ahora nos dirigimos a Cobán. La puerta de las Verapaces. De allí nos movilizaremos a varios sitios que nos interesa conocer. El camino sigue poniendo a prueba a nuestra nave y a nuestras vejigas, por eso toca parar cada tanto para estirar las patas y reponer ánimos.

En una zona derrumbada del camino, nos toca tomar un desvío improvisado. No se ven en la foto, pero las pendientes eran tan pronunciadas (y encima de tierra suelta), que en varias oportunidades tuvimos que entrarles dos y hasta tres veces. La Peque a caminar, bolsos y peso trasero abajo, esa fue al única forma de subir.


Ya en Cobán la cosa se pone buena. Las muelas que Sebastián (amigo de Jose), generosamente nos había tratado sin cargo en Ciudad de Guatemala seguían molestando, y cada vez más. Por eso Seba nos puso en contacto con Henley, un colega de Cobán. Tratamiento de conductos para todo el mundo y asunto resuelto. Henley otro groso, que nos cobró baratísimo mi tratamiento y nos regaló el de la Peque. Ya habíamos pasado por el cuartel de bomberos y teníamos casa asegurada, pero mientras estábamos en lo de Henley, pasaron unos chicos por la calle, y al ver a la nave empezaron a gritar buscándonos. La Peque bajó y así conocimos a Karla, Pancho y la pandilla de los Volkswagen.


Pancho, Karla y Melissa, nos invitaron a su casa durante unos cuantos días. Además de compartir su casa, nos integraron a su club de Volkwagen, conocimos a sus amigos y a su familia que resultó ser más que especial. Nos mimaron muchísimo, nos llevaron de paseo por todos lados y sacando el Brasil 3 Argentina 1 (con Pancho vistiendo la camiseta de Brasil) aquellos días fueron perfectos. La familia Archila resultó tener una gran historia y fuerte tradición en la recolección, clasificación y salvataje de cientos de especies de orquídeas que poco a poco van perdiendo su hábitat debido a la explotación forestal que gana terreno. El abuelo de Pancho fue el precursor y sus hijos lo sucedieron. En su inmensa colección tienen cientos de especies aún no conocidas por el mundo científico y otras tantas ya clasificadas, muchas de ellas pertenecientes al género que en su honor, lleva el nombre de archilae. Sin esperarlo, nos vimos inmersos en un mundo fascinante donde las que mandan son estas bellísimas y particulares flores.

Las orquídeas son plantas muy evolucionadas que combinan colores, trampas mecánicas, secreción de olores y demás tretas, para atraer a sus agentes polinizadores específicos. Relamente, un mundo maravilloso y lleno de trucos inesperados.

Desde las miniaturas (del tamaño de una cabeza de alfiler) hasta las más imponentes, el factor común de estas flores, es su increíble belleza.

Según nos cuentan por estas tierras, la tan famosa vainilla es una orquídea. Tomá mate.

Algunas se asemejan a finas damas con suntuosos adornos.


Otras a torpes juglares.


Pancho, Dani y los de Fuego, posan en la cima del santuario que los Archila están creando para salvaguardar muchísimas especies de orquídias y del sotobosque guatemalteco.

Karla y Melissa acompañan al cantor de las pamapas.


Tabicados, con sus hifas, tan viejos los hongos, capaces de lo que pocos pueden.



En Cobán hicimos un mantenimiento a la nave, con cambio de aceite incluído. De allí salimos a nuestro primer paseo, Las Cuevas de la Candelaria. Toda la península de Yucatán es como un gran queso gruyere. Su formación se realizó bajo el agua, en el mar caribe y en realidad son depósitos calcáreos de millones de años que emergieron a la superficie. Es esta piedra tan blanda, que el agua la erosiona con facilidad y los ríos entonces se vuelven subterráneos. Toda la península poseé cenotes y ríos que por tramos puden ser navegados dentro de las cuevas que van formando. Este es el caso de las famosas Cuevas de la Candelaria, un mundo subterráneo mágico y oscuro.




La Peque y nuestra guía que no podría haber tenido un nombre más oportuno; Candelaria, dentro de las cuevas.

Primero visitamos la cueva seca, plagada de estalactitas, estalagmitas y formaciones surreales. Por momentos la luz desaparecía absolutamente y la cueva cobraba vida, con sus ecos y extraños sonidos del agua que se filtra por todos lados, moldeando eternamente sus espacios.



Alone in the dark.


Extrañas formaciones subterráneas que se ven apetitosas, pero no los son.

Dejamos atrás las cuevas y el próximo destino era la Laguna de Lachuá. Un espejo de agua turquesa perfectamente circular en medio de una selva de gran biodiversidad. Pero teníamos que hacer noche antes y los Archila, Pancho padre más exactamente, nos puso en contacto con las monjitas de Talita-Kumi. Allí nos recibieron las niñas con cantos de bienvenida, nos destinaron una habitación y nos invitaron a compartir la cena.


Buenos amigos del camino, a cada paso nos ofrecen una mano desinteresada que hace posible nuestra travesía por tierra hasta Alaska. Les estaremos eternamente agradecidos.
Fueron dos noches en verdad, ya que al regreso de Lachuá, volvimos a la escuela de las monjas quichés, donde nos recibieron con los brazos abiertos una vez más.
Como el camino a Lachuá era largo y sobre todo estaba horrible. Decidimos dejar la nave en el colegio y hacer dedo. Un vendedor de salchichas y fiambres, nos levantó y nos dijo que iba hasta la laguna y más allá aún, pero debíamos parar a ver algunos clientes en el camino. Nos amontonamos en la cabina de la chata y ¡adelante! El camino realmente estaba imposible, nosotros volábamos en la camioneta, ya que Elder le tenía miedo a algunas zonas y llegamos a la entrada de la laguna en un par de horas, previa descarga de unos cuantos paquetes de salchicas aquí y allá. La caminata por el sendero en la selva fue de aproximadamente 40 minutos hasta la laguna y otros cuartena hasta la zona de baño.


La selva guatemalteca es de la más ricas que hemos visto en cuanto a biodiversidad de especies.

Y extraños radares fúngicos, abundan en aquellas latitudes.

Los guardaparque no te permiten bañarte en el primer sitio al que se llega porque dicen es zona de cocodrilos. ¡¡¡¡Taaaaaanto cocodrilo va a haber!!!! Sabiendo que algún visitante puede pasarse de listo y hacer caso omiso de sus recomendaciones, han dejado allí en custodia de sus reglas a Dionisia.
Este elocuente lepidóptero, persuade a los potenciales bañistas, de no exponerse a los peligros ocultos que yacen bajo la inmóvil superficie del espejo de agua.

Acá no, o los cocos te comen.

"La mayoría de la gente se avergüenza de la ropa raída y de los muebles destartalados, pero más debería ruborizarse de las ideas andrajosas y de las filosofías gastadas."

La cigarra Berta no quiere ser menos que Alberto y escupe: "A falta de pan, buenas son las tortas".
Nada mal para una cigarra.
En medio de la selva, se encuentra solitaria y hermosa. Lachuá es otro de los tantos tesoros que Guatemala tiene para ofrecer. Chapuzón, nachos con jamón Bremen y a volver. Quedamos con Elder que nos encontrabamos en la entrada nuevamente para el regreso, y así sucedió. El día redondito, llegamos a Talita-Kumi y a la mañana siguiente, vuelta a La Candelaria a saldar una cuenta pendiente.

La idea era navegar el río subterraneo con gomones,
pero la primera vez que estuvimos ahí, no tenían ganas de llevarnos, asi que volvimos a por más. La experiencia es espectacular. Te metés en el río con el gomón y dejás que la corriente te arrastre. El recorrido total del río es de 30 kilómetros de los cuales solo se hacen tal vez tres o cuatro, que están bajo el cuidado de una comunidad Quiché. Fue algo surreal, apagamos las linternas y en plena oscuridad sentíamos a los murciélagos volando sobre nuestras cabezas. Obviamente no hay fotos ya que no se puede llevar la cámara sin estropearla. Pero la experiencia es más que recomendable para todos aquellos que vengan a conocer Guate.

Lo que no es tan divertido, es cargar el gomón a pié durante varios kilómetros por la selva de regreso.

Cada quién adopta la técnica de carga que más cómoda le resulta.
Hicimos un paso relámpago por Cobán para ver Argentina - Brasil (grave error) y de vuelta a las rutas.

Antes de entrar al taller de pintura, la Nucita (el bocho de Karla), fue autografiada por todos los miembros del club de "fusqueros" de Cobán. A su lado el citro toma aire para lo que viene.
Calcomanías de americaencitro pa´ todo el mundo. Todo gracias a la generosidad de nuestros amigos de StickersShop de Cobán.
Nuestra siguiente visita fue a Semuc Champey. Nuevamente bajamos de la montaña, aunque sin abandonar la Alta Verapaz, para conocer uno de los lugares naturales más hermosos de todo el país (y eso es mucho decir). El camino fue un poco más tranquilo, salvo el último tramo hasta Lanquín, donde definitivamente bajamos hasta el nivel del río y el asfalto cedió terreno a la piedra.

Semuc Champey es una loquera (diría Jose). El río Cahabón viene bajando furioso de la montaña con su imponente caudal, hasta que sin mayores preámbulos, se mete bajo la tierra y desaparece. Allí se forma un puente natural de piedra caliza de 300 metros, que a la vez posee varias pozas de aguas cristalinas y un color verde turquesa increíble.

Por si fuera poco, todo está rodeado de un frondoso bosque tropical.

El sumidero es el sitio donde el río se vuelve subterraneo. Su potente caudal y lo blando de la roca (como veníamos hablando) es justamente lo que permite esta clase de fenómenos.

El sumidero.

Si te caés acá, no la contás.

Esta es la vista del puente con las pozas desde el mirador. Por debajo de esto está pasando el río. Sólo para que tengan una idea de la belleza del lugar, les contamos que esta foto la tomamos en un día nublado y con poquísima luz, ya que estaba a punto de oscurecer. Subimos al mirador y bajamos en tan solo 35 minutos, cuando se suponía que era un sendero de una hora y media. Era eso o perder el último colectivo a Lanquín, donde hacíamos noche y teníamos la nave.
La idea era conocer las grutas de Lanquín antes de regresar a Cobán, pero una espontánea pelea marital en la mismísima entrada a las cuevas, nos depositó en la ruta, con un humor de perros antes de lo pensado. En dos patadas, estábamos en Cobán por tercera y última vez.
Pero ahora nos tocó mudarnos a la comodidad del Hotel Carlos V de Victor y Roxana. Este matrimonio leyó una nota que nos hicieron en un diario de Ciudad de Guatemala y nos escribieron un mail invitándonos a su hermosa posada. Mejor no nos pudo venir, ya que Pancho y Karla se habían fugado inesperadamente a Costa Rica (igual, con varios contactos para nuevo hogar y una tierna carta de despedida) para un encuentro de bochos y necesitábamos casa nueva. No sólo disfrutamos de la compañía de Victor y Roxana y de la comodidad de la cama matrimonial. El omelette Carlos V, que degustamos a la mañana siguiente durante el desayuno, difícilmente sea olvidado por este par de apuestos viajeros.

A toda la gente de Cobán ¡Mil gracias! Nos hicieron sentir súper queridos y como en casa. Ojalá volvamos a vernos en Guate, o porque no, en nuestra tierra gaucha.
Abandonamos Cobán, y en lugar de seguir camino a la selva del Petén como lo habíamos planeado, volvimos a enfilar hacia las eternas montañas que nos conducirían pasando por el bosque espinoso y el ecotono del quetzal, hasta la capital chapina.
Allí nos esperaban viejos y nuevos amigos, fama, fortuna y también infortunios, pero todo eso, pa´ la próxima.
¡Unas cuantas patadas ninjas y chau!
¡Arrivederci e buonafortuna!
Lo que se viene.... lo que se viene...





¡¡¡¡EEEEEEEEEEPAAAAAAA!!!! ¡Cuanto glamour para la nave!